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Adelante con los problemas

El Rayo Vallecano sigue dando pasos atrás hacia una evidente pérdida de identidad futbolística. El conjunto dirigido por Paco Jémez ha pasado de intentar clonar su estilo de juego en los equipos de la cantera a un escenario en el que ni titulares ni suplentes del primer equipo saben a lo qué juegan. Lejos quedan los tiempos en los que un equipo “temerario” sacaba el balón jugado asumiendo riesgos y disfrutaba del fútbol de ataque de centro del campo hacia delante. En Getafe, sin arriesgar ni atacar, sin padecer sin sentir, el Rayo se llevó tres goles en una primera media hora de juego que ya es ejemplo en las escuelas de cómo no se debe afrontar un partido de fútbol.

Ese fue el tiempo, media hora, que necesitaron los de Fran Escribá para dar la vuelta a la eliminatoria. El primero llegó de la mano de Pedro León, que aprovechó la autopista dejada por Zhang Chengdong en banda izquierda -junto con la dejadez en la ayuda de Pablo Hernández y Jozabed- para abrir el marcador. Acto seguido fue Vergini, de tacón, el que hacía el segundo tanto para los locales al desviar acertadamente un remate de Yoda. Álvaro Vázquez, con la inestimable colaboración de un Juan Carlos desastroso bajo palos, hacía el tercero a puerta vacía para alegría de los aficionados azulones que se atrevieron a acudir al Coliseum en busca de la remontada.

Enfrente, por hacerlo corto, la nada. Ni los suplentes que tenían una oportunidad hacían por

aprovecharla ni los titulares que debían ser referentes actuaban como tales. El Rayo Vallecano naufragaba sobre el césped con el único balance positivo de un barullo dentro del área rival que casi acaba en gol y un disparo lejano de Pablo justo antes del descanso que Megyeri despejó a córner con cierta dificultad.

Por fortuna para el reducido pero fiel grupo de aficionados que animaba desde la grada, las cosas fueron mejor para la franja en la segunda mitad. Cierto es que era prácticamente imposible ir a peor, pero la salida de Manucho aportó algo de claridad y profundidad a un Rayo Vallecano en mínimos.

Precisamente una jugada del delantero, nada más salir en lugar de un apagado Miku, terminaba con el balón en los pies de Lass. El guineano hacía el tanto que a la postre daría el pase a los visitantes, si bien no se molestó en celebrarlo. No lo hizo con sus compañeros ni lo hizo con sus aficionados, dando claras muestras de la falta de pasión que acompaña al Rayo Vallecano en estos tiempos que corren.

A partir de ahí, la leve mejoría de los presentes en el campo y la ineficacia de un Getafe romo en ataque hicieron posible que los de Jémez estén en el bombo de Octavos. Mención especial para Juan Carlos, muy desafortunado e inseguro bajo palos, y para el gafe del Getafe con el Rayo Vallecano. Los azulones raramente consiguen un resultado positivo con sus vecinos desde el último regreso a

Primera y, para una vez que lo hacen, no sirve absolutamente para nada.

Con ese panorama, positivo para el Rayo en cuanto a pase de ronda pero desalentador en cuanto a sensaciones futbolísticas, caía la noche en Vallecas. Jémez apelaba a una sentada y a una larga conversación interna para intentar retomar el buen rumbo de su equipo. De momento, palabras a un lado, se viene la tormenta del Bernabéu, partido para el que el técnico reservó con acierto a la mayoría de sus jugadores titulares.

Todo esto para decir lo mismo que desde hace varias semanas. El Rayo Vallecano tiene un problema grave de identidad futbolística derivado de un error estratégico del pasado verano: demasiadas renovaciones y muy pocas rotaciones en una plantilla que no tiene suficientes caras nuevas y a la que le sobran años de contrato en muchos de los casos. Excesivas firmas de dos años para jugadores y escasez de compromiso a medio plazo del que debía haberlo firmado: el entrenador. Vienen curvas.

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