El Rayo que se apagó en Salamanca

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GENI

Aquel día Europa amanecía con las primeras elecciones al Parlamento comunitario de 25 países. En una España aún resacosa tras los comicios que meses antes situaron al PSOE en el Gobierno previa tragedia del 11-M, eran Josep Borrell y Jaime Mayor Oreja quienes representaban a los principales partidos en su asalto por los escaños en Bruselas. Sus rostros salpicaban las portadas de la prensa nacional, en las que también se colaba el de Juan Carlos Valerón, héroe en la victoria de la Selección española en el partido inaugural de la Eurocopa recién comenzada en Portugal.

 

UN TRECE DE JUNIO SOLEADO

Ajenos a este contexto, que no ignorándolo ni mucho menos, un millar de aficionados vallecanos se enfundaban su camiseta franjirroja y acudían a primera hora a la calle Payaso Fofó. Allí aguardaba una quincena de autobuses para tomar la A-50 y llevarles 220 kilómetros al noroeste de la capital. Era un 13 de junio soleado, aunque lo agradable del clima no acababa de transmitirse a las sensaciones de aquellos hinchas en su camino a Salamanca. No faltaron los cánticos en los autocares, no faltaba la ilusión. Mas no era el optimismo el sentimiento reinante.

No era para menos. Una temporada aciaga en resultados y juego había llevado a la franja a una inaudita antepenúltima posición en la tabla de Segunda División cuando tan solo restaban dos partidos para su final. La posición no dejaba de responder a los merecimientos sobre el verde, pero costaba creerla después de los mejores años en la historia del equipo en Primera. Resultaba increíble repasando la plantilla, jugador a jugador, que componía aquel Rayo Vallecano que solo un año antes se había caído al infierno de la Segunda División. Aquel día estaba en juego la supervivencia en la división de plata del fútbol español con el agravante para los de Vallecas de no tener apenas cartas en la manga para una buena jugada.

NO FALTARON LOS CÁNTICOS EN LOS AUTOCARES, NO FALTÓ LA ILUSIÓN. MAS NO ERA EL OPTIMISMO EL SENTIMIENTO REINANTE.

El hoy recién fichado como entrenador del Oporto, Julen Lopetegui, fue el elegido para capitanear la nave franjirroja en su retorno a la división de plata. Ídolo en su paso como cancerbero rayista, el guipuzcoano apenas contó con la confianza de la directiva. “Una de las claves para aquel mal año fue el cambio de entrenador. La plantilla estaba totalmente a favor de él y confiada con lo que proponía y nos pedía”, recuerda uno de los pesos pesados del equipo, Jon Pérez Bolo. El que fuese máximo goleador de los vallecanos aquella temporada con 9 tantos recuerda “más bien poco” de aquel triste año, por aquello de dejar espacio en la memoria solo a los buenos momentos.

MAL ROLLO Y BAILE DE ENTRENADORES

Con la franja no fueron pocos los que había vivido, aunque en esa campaña la historia cambió y llegó el “mal rollo” que acompañó al equipo hasta el descenso. “Tampoco había mal ambiente pero no se sentía la unión de otras temporadas”, afirma y de seguido repasa de memoria la plantilla de los mejores años del Rayo. “Era una gran plantilla y todo lo que conseguimos fue estando juntos, siendo una piña, una familia y ese año no estaba esa forma de tirar, de morir el uno por el otro. Teníamos un gran equipo, estaban Idiákez, Geni, Luis Cembranos, Paco… jugadores de Primera División, pero no conseguimos hacer el grupo que en años anteriores y esa fue otra de las claves del mal año”, recalca.

La caída hasta la penúltima posición de la tabla en solo 10 partidos supuso la destitución fulminante de Lopetegui y tras un partido de transición con José Luis Martín fue Jorge D’Alessandro quien tomó las riendas. Un inicio positivo acabó tornándose en una racha irregular. En febrero de 2004, pese a que el equipo solo se encontraba a 2 puntos de la permanencia, el argentino dejaba de ser técnico rayista. Su puesto lo ocuparía Txetxu Rojo. El vizcaíno llegaba a Vallecas para intentar revertir una situación inesperada pero aún salvable. No en vano, restaban 18 choques por delante y había motivos para confiar en una plantilla con nombres de muy buen nivel como habían demostrado hasta aquella temporada. Los resultados, en cambio, acabaron por dilapidar toda esperanza. Los números empezaron a no cuadrar y el equipo llegó a sumar 9 partidos consecutivos sin conocer la victoria. Apenas se venció en 4 de los 18 en los que Rojo se sentó en el banquillo. Aún así, el Rayo llegó a la penúltima jornada con posibilidades de salvarse.

Para ello tendría que vencer en los dos partidos que le restaban ante dos Uniones Deportivas como Salamanca y Las Palmas. A su vez, habría de esperar a los pinchazos de rivales directos como Polideportivo Ejido, Leganés, Córdoba y Ciudad de Murcia. Misión complicada, más si cabe a tenor de la trayectoria y las sensaciones dejadas por el equipo. A pesar de ello, los seguidores más fieles de la franja desembarcaron en Salamanca para dar un espaldarazo moral a los suyos. Por no faltar, no lo hizo ni Miguel Ángel Sánchez Muñoz, Míchel, quien aquel año seguía en Primera tras haber sido fichado por el Murcia. El admirado jugador vallecano acudió a la grada lateral, muy cerca del fondo donde se ubicó a la afición visitante.

TEMPORADA 2003/04

  • GANADOS

  • EMPATADOS

  • PERDIDOS

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DE PRIMERA A SEGUNDA B

Sobre el césped del Helmántico eran varios los jugadores franjirrojos que apenas unos años atrás habían vivido las mejores temporadas del equipo en Primera. Entre ellos estaba Luis Cembranos, quien hasta ahora es el último jugador que ha debutado con la Selección española vistiendo la franja. A sus 31 años y con numerosos problemas físicos cumplía su sexta temporada en el equipo madrileño.

No tarda en destacar que en Salamanca “no descendimos matemáticamente” y que la sensación entre la plantilla en las horas previas al partido era de esperanza. “Aunque las opciones eran escasas sabíamos que ganando los dos partidos hubiésemos mantenido la categoría”, explica. A su vez, le cuesta encontrar un factor decisivo que empujase al equipo a esa situación. “Fueron muchas circunstancias, como el no saber adaptarnos a la categoría. Hay ejemplos casi anuales de equipos que bajan, se piensan que va a ser un paseo pero que no se adaptan rápido. A ello hay que sumar que estábamos la Segunda, que es la categoría con más igualdad y no empezar bien y entrar en dinámica negativa te lleva a que cada vez te vaya costando más y más tener buenas sensaciones”, señala el jugador nacido en Suiza.

SE VIO EL CAMBIO EN ENTRENADORES DE DISTINTO PERFIL. ESTUVE 6 AÑOS EN EL RAYO, 3 DE ELLOS CON JUANDE, LUEGO PASARON 8 DISTINTOS POR EL BANQUILLO.

Otro de los motivos que subraya es la “falta de planificación” del club. “Se vio en el cambio de entrenadores con distinto perfil. El año anterior también tuvimos tres. Yo estuve seis años y la mitad de ellos estuve con Juande. Luego pasaron ocho técnicos en solo tres años”, indica el hasta hace poco entrenador de la Cultural Leonesa.

Otro de los nombres más conocidos de aquel vestuario es el de Paco Jémez. El actual entrenador del Rayo Vallecano vivió de primera mano el descenso a Segunda B del club, en la que fue su segunda campaña vistiendo la franja. Disputó casi la totalidad de los partidos de la segunda vuelta y fue testigo de la progresiva entrada en el fango del equipo. Rubén Pulido, autor del tanto en El Helmántico, y Sergio Korino fueron sus principales compañeros en una zaga que recibió 63 goles en contra. El argentino Patricio Graff y el joven vallecano Mario Gómez también fueron de la partida en aquel choque ante un Salamanca que, cosas del destino, contaba con una de las figuras claves en el presente Rayo: Felipe Miñambres. El exjugador de Sporting y Tenerife acababa de aterrizar en el banquillo charro, en el que permanecería media temporada más pues en la siguiente campaña sería destituido y sustituido por Andoni Goikoetxea.

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IRINEY

LA AFICIÓN, CON LA GARGANTA HECHA AÑICOS

Al concluir el encuentro Felipe reconoció que el Rayo “había sido mejor”, aunque la falta de puntería de los vallecanos impidió que se llevasen los 3 puntos a Madrid. Y es que el gol era otra de las carencias de aquel Rayo. Fueron 45 tantos en total los que consiguió el equipo. El ya citado Bolo logró ser el máximo goleador con 9, y tras él hallamos a otro hombre que acabó saliendo del club por la puerta de atrás como Roberto Peragón (8 goles). El argentino Biagini completó el podio de máximos goleadores con 7, mientras que Idiákez contribuyó con 5 dianas. Menos afortunado de cara a puerta estuvo el hombre que al año siguiente se convertiría en el máximo artillero con la franja, Geni. Pese a su poderío por arriba, el asturiano, quien acabó desolado tras el pitido final, no pudo cazar ninguno de los incontables centros que llegaron al área local y con los que el conjunto madrileño intentó romper el empate que había logrado Zé Tó a falta de un cuarto de hora.

En la grada reinó la tensión, la esperanza, la rabia, la pena. Un cóctel con un trago final muy amargo que a buen seguro recuerda cualquiera que integrase aquella expedición de 1.000 personas, la mayoría de las cuales volvieron a Vallecas con la garganta hecha añicos tras un interminable “Forza Rayo ale, ale, ale…” que duró más de 90 minutos. Por delante quedaba el encuentro final ante Las Palmas, aunque tras el empate en Salamanca todo había quedado a merced de una carambola de resultados muy complicada.

UNA SEMANA MÁS TARDE, UN DESCONOCIDO Y JOVEN RUBÉN CASTRO, CONSEGUÍA EL GOL DE LA VICTORIA VISITANTES EN VALLECAS Y MANDABA A LOS FRANJIRROJOS A LA DIVISIÓN DE BRONCE DOS DÉCADAS DESPUES.

Solo una semana después de aquel viaje a la ciudad del Tormes, el Rayo Vallecano firmaba su descenso a Segunda B. El clavo ardiendo al que se habían de aferrar los de Txetxu Rojo se derritió con el paso de los minutos en el choque en Vallecas. Los canarios se adelantaron en el marcador, Luis Cembranos empató pero acto seguido llegaría el mazazo definitivo. Fue un entonces desconocido y joven Rubén Castro quien conseguía el gol de la victoria visitante que servía para consolidarle como pichichi de la categoría y mandar a los franjirrojos a la división de bronce dos décadas después.

El equipo terminaba en la penúltima posición de la tabla. Los silbidos no tardaron en escucharse en la grada y se vivieron algunos incidentes entre público y aficionados que al día siguiente ilustrarían la noticia en la prensa deportiva junto a las declaraciones de la familia Ruiz Mateos. En ellas insistían en su firme compromiso con el club tras haber invertido en el Rayo “más de 5.000 millones de pesetas” desde que se hiciesen con el equipo en los 90 y que su “intención” pasaba por continuar en la nueva categoría.

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Mucho ha cambiado la situación después de aquel turbio final de temporada 10 años atrás. España disputa el Mundial de Brasil siendo una de las favoritas. Qué lejos queda aquel enésimo fracaso en Portugal. El ambiente en política ha cambiado. Mientras cada vez son más las familias que sufren los estragos del sistema, el bipartidismo agoniza a la par que nacen nuevas propuestas con aires de cambio. Lejos de Madrid, el escenario de aquel epílogo en tierras castellano leonesas como fue El Helmántico, ha quedado sin dueño por la desaparición el pasado verano de la UD Salamanca. El estadio acaba de salir a subasta sin que nadie se haya interesado por él.

En Vallecas y en lo referido a lo futbolístico, por suerte, se viven tiempos de goce y disfrute. Un año más, la hinchada disfrutará de su equipo entre los más grandes, con un nuevo proyecto liderado por dos de los protagonistas aquel día en Salamanca como son Felipe y Paco. La comunión entre afición y plantilla es total. A la espalda, varias temporadas de éxito pese al baile de nombres en las plantillas. En el recuerdo, y como experiencia llamada a no ser olvidada para no repetirla, aquellas semanas de junio, aquellos “tiempos malos” que reza el cántico en los que no fueron pocos quienes comenzaron a sentir la franja y pelear por devolverla donde ahora se encuentra.

IMÁGENES DEL REPORTAJE: MORGAN / LA GAZETA DE SALAMANCA

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