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¡Willy, Willy!

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Sábado 1 de junio de 1996 Vallecas, siempre Vallecas. Wilfred Agbonavare, ese día te fuiste del Rayo, tu Rayo, casi sin hacer ruido y por la puerta de atrás, igual que ahora de esta puta vida que, como se suele decir, se lleva sólo a los mejores. Te agarraste a ella como los valientes, aferrado a ese hilo de vida tan conocido por los rayistas, que acostumbrados a vivir casi siempre en el olvido deportivo, siempre se cargan de coraje hasta para irse a los infiernos del fútbol o a los cielos con la franja que les cruza el pecho. Hasta en eso Willy fuiste diferente, porque por ser portero nunca la llevaste en la zamarra pero la defendiste con orgullo allá donde fuiste.

Corría el minuto 13 de esa maravillosa tarde. Falló Kientz, incluso Quique, y Guilherme igualó la eliminatoria por la permanencia contra el Mallorca. Escasos diez minutos después el silencio se apoderó del Estadio. Guilherme la volvió a tener y en una transición rápida la fiesta se tornó en tragedia, Cota no llegó a un balón y Willy, siempre Willy, tocó el esférico con las manos fuera del área. López Nieto no lo dudó y el nigeriano salió por Payaso Fofó en la que sería su última ovación como futbolista del Rayo Vallecano. Nunca lo olvidaremos, seguro.

Después vino el éxtasis sólo igualado en el famoso día del “Tamudazo” en 2012 o en el gol de Felines de cabeza en 1977. Fue cuando Onésimo sacó esa volea genial, tremenda a pase de Calderón, y la colocó en la escuadra de Quique. De ahí al final la fiesta más grande jamás vivida en la que alguno recordará a Willy vitoreado por la afición rayista mientras se asomaba a las ventanas del vestuario arrojando toda su ropa.

Hasta ese día la historia de Wilfred en el Rayo ya estaba jalonada de estrellas y días para la gloria. Él ya vivió el ascenso del 24 de mayo de 1992 en el 4-1 contra el Castellón con Camacho de entrenador, tras su 1ª temporada de transición en la 90-91 a las órdenes de Eusebio Ríos. Llegó a un Rayo recién descendido después de la convulsa temporada 89-90 y con la difícil tarea de hacer olvidar a uno de los más grandes porteros que se recuerdan en Vallecas: Ángel Férez, y lo hizo durante seis temporadas en las que se ganó el cariño de todo el mundo.

Esa temporada 91-92 los rayistas la recordarán por los Cota, García Cortés, Lema, Josete, Rodri, Gallego, Pedro, Calderón, Comas, Pruden, Melgar, Medford, y como no, por un 4-0 al Madrid B, un 3-0 al Betis, otro 3-0 a Las Palmas, la victoria 0-1 en Málaga y una de las salidas más impresionantes de la afición vallecana en masa: el 0-1 en Mérida de un Rayo que acabó líder absoluto con 53 puntos y 15 positivos con sólo 26 goles en contra en 38 partidos.

Una temporada después, ya en 1ª División, todos recordaremos su protagonismo en el 2-0 al Real Madrid en Vallecas del domingo 6 de diciembre de 1992 en un Rayo que ya había ganado al Atlético de Madrid: “Me gusta hablar en el campo. No me gusta hablar nunca y prefiero que en el terreno de juego se valore el trabajo de cada uno”. Quince días después, ese Rayo que soñaba con ser de nuevo el “matagigantes” de su 1ª temporada en Primera División allá por la 77-78, veía como el Barca de Cruyff en el banquillo les empataba con 9 jugadores después de ir ganando 3-1.

Se convirtió en indiscutible en el equipo y volvió a vivir un descenso en la triste promoción contra el Compostela del año 1994, que terminó con el Rayo en 2ª División tras un 3-1 en el tercer partido en campo “neutral” del Carlos Tartiere, con el siempre recordado arbitraje de Díaz Vega, la expulsión de Hugo Sánchez y los goles de Ohen en la portería que ocupábamos los aficionados rayistas. Esa temporada aciaga tras la marcha de Camacho será siempre recordada por el paso por el banquillo de Felines, Zambrano y David Vidal.

Acostumbrado a ser un equipo “ascensor”, Willy volvió a ser protagonista en otro ascenso a 1ª División en un Rayo comandado por Paquito en el banquillo. Era el Rayo de los Alcázar, Palacios, Baroja, De Quintana, Lema, Cota, Barla y Onésimo, que devolvía al equipo de la Albufera entre los grandes allá por junio de 1995.
Su última temporada en Vallecas no fue la soñada por un gran rayista como Willy. Por el banquillo tras la marcha de Paquito el mismo día del ascenso en junio de 1995, pasaron los Zabalza, Baena, Marcos Alonso y Zambrano y todo terminó como empezó este pequeño homenaje, con la permanencia contra el Mallorca, que un año después ya sin Wilfred en Vallecas, volvería a significar un nuevo descenso a 2ª División.

Por desgracia una vez que se fue de Vallecas ya nada fue igual: descenso a 2ªB con el Écija, retirada del fútbol, trabajos puntuales como entrenador de porteros en Coslada, otro paso por una gasolinera de la zona y finalmente repartidor en una empresa de mensajería. Introvertido con los años, fuera de los focos de la fama que nunca tuvo por su humildad, la vida de Willy estaba jalonada por palos y más palos.

Su gente, su familia, sus amigos y todos los rayistas le homenajearon en Vallecas cuando las cosas ya no le iban bien. Salió al centro, recogió una placa y se marchó saludando brazo en alto igual que más de quince años antes cuando con esas mismas manos salvaba con su expulsión un gol del Mallorca. Todos sabían que ya no era el Wilfred de los 90 y apenas quería protagonismo en forma de reportajes o ruido mediático.

El maldito cáncer ahora que ya se llevó a su mujer ahora se lo ha llevado a él. La crueldad del destino ni siquiera le dio unas horas más para poder ver a sus hijos tras 10 años separados. Mientras, aquí nos quedamos todos, llegando tarde y mal a otro gran rayista que poquito a poco se nos fue. Incluso algún desalmado ha robado la camiseta que justo el día de su fallecimiento dejamos en la Puerta 1 como homenaje. Una última muestra de mezquindad ante la que don Wilfred Agbonavbare habría respondido con la misma resignación que aceptó bochornosas ofensas racistas durante toda su carrera. Gracias Willy.

RHOpinionFirmaFS

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