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Valores fuera

Antes de leer estas líneas por favor rellenen la encuesta disponible en este enlace. ¿Han elegido la opción “No”? Correcto, ya pueden seguir leyendo, empezando por una obviedad: el Rayo Vallecano va a descender a Segunda División. Será este año, el próximo o dentro de diez temporadas, pero sucederá alguna vez. Y ese no es el problema, ni mucho menos, porque en el Rayo Vallecano la prioridad nunca ha sido el resultado sino la travesía que conduce hasta él.

La triste realidad es que a día de hoy nadie disfruta de la quinta temporada consecutiva -la mejor racha de la historia- en Primera División. No lo hacen los jugadores, que no despliegan ni de lejos el fútbol que tienen en sus botas. No lo hace Jémez, frustrado al ver un equipo plano sobre el césped, justo lo contrario de su propuesta vital. No lo hace Martín Presa y no lo hace la afición, dividida y acomodada a partes iguales.

Con ese panorama, Nordin Amrabat y diez amigos se podrían llevar los tres puntos del Estadio de Vallecas. De hecho, Nordin Amrabat y diez compañeros en plena crisis de juego y resultados se los han llevado esta mañana sin ningún tipo de argumento futbolístico. Todo esto a pesar del buen arranque del partido del conjunto dirigido por Paco Jémez. Con Amaya y Lass como novedades en el once titular, los de la franja firmaron un gran primer cuarto de hora. Jozabed y Trashorras daban fluidez al juego en la medúlar y Pablo Hernández, muy activo en ese primer tramo del choque, demostraba su visión de juego encontrando a Javi

Guerra a la espalda de la defensa. El killer del Rayo no perdonaba en el minuto 6, superando a Kameni y poniendo todo de cara para los locales.

Sin embargo, el ambiente irrespirable de Vallecas se iba a ir poco a poco adueñando del juego. Apenas un centenar de seguidores visitantes arropaban a los suyos en la dificultad ante el silencio ensordecedor de miles de aficionados del Rayo Vallecano. Excluyo de esos miles al fondo de Bukaneros, posicionado públicamente en un estado de “no animación” tan discutible como respetable. Incluyo en esos miles al resto de gradas, completamente libres para dejarse la garganta por el equipo de su barrio alzando bufandas al viento, pero que no lo hacen. Otra posición discutible y respetable. Otra derrota para el Rayo Vallecano.

Mientras, sobre el césped, el Málaga crecía al mismo ritmo que los locales menguaban. La ausencia de un mediocentro defensivo minaba progresivamente el estado físico de un Rayo encomendado a Lass y a los chispazos de Javi Guerra. Precisamente una internada del guineano iba a terminar convirtiéndose en la jugada clave del choque cuando Pablo Hernández, con todo a favor, no aprovechaba una buena asistencia para hacer el 2-0. Esa falta de acierto, combinada con los revulsivos de Javi Gracia desde su banquillo y lo errores de Jémez desde el suyo, iban a conducir a un drama final para la franja. Charles, acostumbrado a hacer goles en Vallecas desde su etapa en Pontevedra, hacía el empate frente a un

Rayo desfondado. Bebé ya estaba, antes de tiempo, en el banquillo. Embarba y Manucho ya estaban, sin aportar nada, sobre el césped.

El panorama aún tenía margen para ir a peor, y así fue. A falta de cinco minutos para el final Cop aprovechaba una jugada por banda izquierda para superar a Yoel con un remate cómodo desde dentro del área. El golpe dejaba en la lona al Rayo, que sólo tuvo fuerzas para reclamar un penalti por una mano de Miguel Torres dentro del área. Clos Gómez, que había obviado un par de acciones dudodas en el área local, no la consideró voluntaria y en su lugar señaló el camino de los vestuarios.

Así terminaba la mañana para el Rayo. Sin puntos, desquiciado, con Tito de lateral izquierdo y Nacho de extremo, con un delantero de más y un centrocampista de menos, con la grada enfrentada reprochándose lo que canto y lo que silbo, con lesionados de larga duración en la enfermería y con fichajes de poco recorrido en el banquillo, con la Copa encarrilada y la Liga atravesada, con el corazón en un puño y con el alma nublada. Con todo al revés y apuntando a la causa incorrecta: el problema del Rayo es de fútbol y no de la grada, porque si la grada fuera importante para sumar puntos el problema ya se habría atajado. Lo contrario sería una irresponsabilidad. ¿No?

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