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Un espectáculo que acabó en sonrojo

“Horrible”. La palabra que le atravesó la mente a Paco Jémez en rueda de prensa al intentar definir el batacazo de los suyos en Villarreal estuvo muy bien elegida. La paupérrima segunda parte con la que el equipo echó por tierra la portentosa imagen mostrada en la primera dejó en evidencia lo mucho que aún le falta al Rayo Vallecano para consolidar los brillantes destellos que proyecta por momentos. Valga como dato, que no como excusa, que enfrente estuvo un equipo el castellonense de primer nivel, con un ataque demoledor y dinámico y que está llamado a ser uno de los mejores en la tabla cuando acabe el campeonato.

RH POSITIVO: DESEQUILIBRIO

Atacar es crear desequilibrios. Con esta máxima salieron los vallecanos en mente y bien que la llevaron a la práctica en una primera media hora de escándalo. Licá fue el elegido por Jémez para suplir al hasta ahora imprescindible Aquino. El portugués se situó en la banda derecha, carril por el que más insistieron los visitantes. La elección no fue casual. La idea pasaba por desequilibrar en un flanco protegido por el jovencísimo lateral Adrián Marín y al que el partido se le convirtió en una pesadilla. Tanto el portugués como Tito pusieron desde esta banda los centros que darían pie a los goles de Kakuta -quien volvió a ser de lo mejor del Rayo- y Bueno. Una pena que la intensidad exhibida acabase en el desagüe conforme avanzó el crono.

RH NEGATIVO: PUERTAS ABIERTAS

La buena lectura inicial del partido, al saber las debilidades del contrario y explotarlas al máximo, se diluyó a partir del tanto de Espinosa. Los de Marcelino se desperezaron y se vinieron arriba a base de mover el balón con más brío y rapidez de lo que lo hicieron las mentes y piernas de los rayistas. Una vez superada la primera línea de presión, los amarillos aprovecharon la particular jornada de puertas abiertas en defensa que dejó su rival. Morcillo, que alternó claroscuros en sus primeros minutos como titular con la franja, y un Zé Castro muy lejos de su mejor nivel, se vieron superados por un ataque certero y eléctrico. El desplome defensivo fue total y solo las buenas intervenciones de Cristian impidieron una goleada mayor y que no hubiese sido inmerecida.
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RH NEGATIVO: MIEDO A LAS ALTURAS

Los puntos débiles de un Rayo en plena reconstrucción son de lo más variado. Sin embargo, hay algunos comunes a los de otros años, hasta el punto de parecer endémicos de la franja. El balón parado es uno de ellos, tanto en ataque como en defensa. El gol de Musacchio que puso las tablas en el marcador fue el fiel reflejo de lo que sufre la escuadra de Vallecas en estos lances. Pese al poderío por alto de hombres como Morcillo, Castro, Manucho o el borrado de la convocatoria Ba, no es plato de buen gusto toda falta lateral o córner. Las malas defensas a estas acciones se repiten y en ataque no mejora la historia. Como sucediese en años anteriores, los córners botados por los franjirrojos distan mucho de conllevar el peligro que tienen cuando el balón sobrevuela el área rayista. Aspecto de juego que debe ser mejorado más pronto que tarde, ya que son acciones que deciden partidos.

RH POSITIVO: EL ANCLA

Raúl Baena fue uno de los primeros nombres que sonaron como futuribles lejos de Vallecas durante el periodo de fichajes. En la pasada temporada las actuaciones del malagueño con la camiseta franjirroja quedaron ensombrecidas por las ofrecidas por el hoy atlético Saúl Ñíguez. Pero a pesar de los rumores, el ex del Espanyol se quedó en el Rayo para pelear por un puesto que en estas primeras jornadas ha conseguido por méritos propios y esfuerzo titánico. Su labor de destrucción en El Madrigal fue correctísima mientras los vallecanos no desconectaron en conjunto del partido. Fue el ancla que necesitó el equipo hasta que acabó suelta, sin rumbo, en el hundimiento que protagonizaron los de Jémez. Hasta el momento de la debacle, notable alto por parte de un hombre al que todo el mundo descartaba hace cuestión de dos meses.

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