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Triunfo básico

Que el portero pare y que el delantero meta goles. Los básicos del fútbol raramente fallan y en un alto porcentaje de los casos aseguran los tres puntos, pase lo que pase en el resto de líneas. Más fácil es aún cuando esa fórmula ganadora viene acompañada de alguna decisión arbitral favorable y de una dejadez extrema por parte del adversario. Reúnan a diez compañeros de trabajo y realicen sus labores profesionales con la misma apatía que lo hicieron los jugadores del RCD Espanyol la pasada noche del viernes en Vallecas y estarán en la calle al día siguiente.

Pero elaboremos un poco por no resumir todo en un párrafo. El fútbol de Primera llegó de nuevo a Vallecas en día laborable, con la habitual cifra de diez mil en la grada y con una frialdad que asusta a cualquiera que haya pisado Vallecas cuando no tenía el botón de “mute” pulsado. Emotivo homenaje previo al joven Álvaro, seguidor de la franja fallecido en accidente de moto, y balón a rodar con Tito y Lass como novedades en el once titular.

El Rayo, con el triángulo formado por Baena, Trashorras y Jozabed, llevó la iniciativa desde el primer minuto ante un contemplativo conjunto perico. Cierto es que las ocasiones no llegaban y que tuvo que ser Toño, con una manopla milagrosa

a remate de Víctor Álvarez, el que evitase el primer gol del partido con la grata colaboración del travesaño.

La noche pintaba favorable para los de Jémez -de nuevo muy explícito en sus gestos de desaprobación ante los errores de Lass o Zé Castro- cuando Prieto Iglesias señalaba los once metros por una dudosa caída de Javi Guerra ante Roco. Trashorras no perdonaba desde el punto de penalti, encarrilando el choque para los locales.

El RCD Espanyol no daba muestras de recuperación. Menos aún cuando Víctor Sánchez se marchaba a la caseta antes de tiempo por doble amarilla al poco de comenzar la segunda parte. Con un hombre menos y Arbilla como lateral, los catalanes poco menos que entregaban la cuchara con media hora de juego por delante. Bebé regalaba el segundo a Javi Guerra con una asistencia letal desde la banda izquierda. Instantes después el propio ariete fabricaba el tercero de la noche con un remate seco y certero desde la frontal ante el que nada podía hacer Pau.

El partido quedaba cerrado con la sensación positiva que suele dejar el juego del Rayo Vallecano cuando los errores puntuales no echan por tierra el trabajo colectivo. Llorente brilló de nuevo en la zaga, con Tito y Rat como

profesionales de lo suyo en los laterales. Timón para Trashorras con destrucción estándar de Baena y el resto, sin alardes, medianamente acertados en sus labores.

A partir de ahí tributo a los dos hombres de la noche. Javi Guerra, ovacionado al ser sustituido por Manucho y Toño, aclamado tras detener un penalti a Burgui con el tiempo ya cumplido. Precisamente esa última acción del choque, con una mano de Tito dentro del área que supuso su expulsión, fue la nota más negativa de la noche para los de la franja, que pierden a su lateral derecho natural para el próximo domingo en Ipurúa.

Pero esa ya será otra historia, posiblemente menos básica que esta y con el gusto, por increíble que parezca, de jugar fuera de casa para poder disfrutar de un partido de fútbol con ambiente de eso, de partido de fútbol.

RHOpinionFirmaJCO

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