Respeto al de amarillo

Absténganse de seguir leyendo todos aquellos que esperen sesudos análisis sobre el dueto Zè Castro – Abdoulaye Ba, el dilema viajero de Lass Bangoura, los espacios que genera Leo Baptistao, el “pudo hacer más” de Cristian o el por qué no juegan más los Alex Moreno, Morcillo o Pozuelo…dejemos al Rayo como está, con 2 puntos de triste bagaje en tres jornadas, méritos contraídos aparte, el quiero y no puedo de los unos y los otros, y eso sí, prepárense para un domingo de pasión en Villarreal, que la semana se antoja movidita con las bajas obligadas de Aquino y Pereira por la cláusula del miedo. Hoy estoy aquí para hablar de respeto, profesionalidad, buen hacer y si es posible de educación. Les pongo en antecedentes.

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Ni sé cómo se llama y casi mejor que lo prefiero. Juego entre dos nombres: Diego Sánchez Rojo o Asier Fariña Biasi, colegiados asistentes de Alejandro Muñiz Ruiz en el Rayo Vallecano B – Fuenlabrada del pasado sábado en la Ciudad Deportiva. Tuve el privilegio de poder ver el partido a escasos dos metros de él, escuchando todas sus comunicaciones con el famoso pinganillo. Disfruté observando de cerca la forma de dirigirse a los futbolistas, al banquillo y a los jugadores que calientan. Tiene poco más de veinte años, incluso aparenta menos, acento gallego muy marcado, magnífica forma física y muchas, muchísimas ganas de querer hacer las cosas bien. Aguantó desde el minuto uno las presiones habituales desde la banda. “Sigue, sigue, que éstos no pitan nada”. Tuvo carácter para sentar al banquillo del Fuenlabrada más de una vez y solventó con éxito la tensión con Ferreras. Todo normal.

A partir de ahí lección de saber hacer, de paciencia por amor al arte. Cobra poco y durante la semana le tocará buscarse la vida mientras que arbitra en una división donde ya hay muchos clubes profesionales, aun siendo la 2ª División B. Sólo le achaco un cumplimiento ridículo a un encorsetado reglamento en cada cambio: un minuto con cada uno preguntando si lleva pulseritas, collares, pendientes, mallas, tacos punzantes y mil historias más. Por favor, déjense de interrogatorios, apliquen normativa y que cada palo aguante su vela si lo incumplen, que aquí ya somos todos mayorcitos.

De verdad que no se lo ponen fácil y doy fe de ello. Reciben por todos lados quejas y más quejas, miradas desafiantes, simulaciones y picardías varias que durante 90 minutos complican su manera de ejercer tu labor de forma objetiva y profesional. Chapeau desde aquí a esta gente que está ahí por devoción, que igual llega como que no llega. Su futuro en la profesión depende de los caprichos del destino, ascensos, descensos y hasta amiguismos varios de colegios con enlace directo al Comité. Sólo sé que si jugar al fútbol es difícil -no le quito mérito- salir ahí de amarillo a impartir justicia tiene un mérito acojonante

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