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Querer es poder

Querer es poder. Paradójicamente, el lema futbolístico -y de vida- de José Ramon Sandoval resume a la perfección lo acontecido en la noche del sábado sobre el césped de Vallecas. Con la escasez de fútbol como telón de fondo, los que más quisieron se llevaron al gato al agua en un partido marcado por los dos zarpazos iniciales de Javi Guerra. Nueva demostración de poder de un ariete franjirrojo que aprovechó la indolencia de la zaga nazarí en los primeros diez minutos de partido.

Semejante introducción al juego, con dos goles tempraneros, es casi siempre definitiva para el resultado final. Sin embargo, un doble error de Zé Castro se convertía en la primera expulsión en Primera del central portugués. Con más de una hora de juego por delante, el Rayo se vio obligado a cambiar su discurso y plegó velas en torno a Toño, cediendo la iniciativa del juego al conjunto visitante.

Sin embargo, esta circunstancia no iba sino a dejar en evidencia al Granada. Y es que en el bando de Sandoval los que querían no podían y los que podían no querían. La cuenta numérica sobre el campo hablaba de un once contra diez

a su favor, pero la real, quitando los que se borraban de sus filas de manera inexplicable, era de al menos un diez contra nueve a favor de los locales.

Sin ocasiones, más allá de un cándido remate-caricia de Piti sobre la meta de Toño, los visitantes se desesperaban con el paso de los minutos, mientras que el coraje de los locales era suficiente para mantener el colchón en el marcador. Fue Babin, a la salida de un córner, el que alteró ligeramente las pulsaciones de un partido que navegaba en aguas demasiado templadas para los intereses andaluces.

La inquietud en el conjunto local creció cuando Toño, referente y pieza imprescindible en el once titular de Paco Jémez, abandonaba el césped en camilla con el rostro pálido y su rodilla maltrecha. Sin embargo Juan Carlos, único guardameta sano de la primera plantilla, apenas sufrió ante los inocentes centros puestos al área por amigos más que enémigos.

Así las cosas, con Zé Castro rezando en la bocana de vestuarios para que sus compañeros sacaran adelante lo que él mismo había complicado,

con Sandoval desesperado en el banquillo visitante, Jémez relativamente tranquilo en el suyo, Javi Guerra ganando todos y cada uno de los balones divididos, Beraghi más pendiente de que el pelo no le entrase en los ojos que de marcar a sus rivales, Piti deambulando por los mismos metros cuadrados en los que deslumbró cuando era joven y Diego Llorente creciendo como jugador a pasos agigantados, llegó el pitido final que certificaba que los tres puntos se quedaban en casa.

En definitiva, victoria franjirroja sin grandes alardes ni disfrute en el proceso de recolección, como si alguien le hubiera dado al ‘modo resultado’ en el mítico PC Fútbol y hubiera salido cara. Dos semanas de tranquilidad, más si cabe, en la balsa de aceite de Vallecas y dos semanas de ley seca para los angelitos -lágrimas en redes sociales incluídas- que maneja Sandoval como bien puede por Granada.

RHOpinionFirmaJCO

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