Paco y las expectativas

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Se mire por donde se mire este año el contexto del Rayo Vallecano ha cambiado. Periodistas (de los que siguen de cerca al equipo y de los que no), directivos, jugadores (de los que están y de los que se han ido), aficionados (de la hinchada rival o de los que se desviven por la franja) y en definitiva cualquiera que ha echado vistazo al reparto de dorsales del Rayo Vallecano lo tiene claro: hay al menos cinco o seis equipos en Primera con peor plantilla que la de Vallecas.

Aunque el objetivo siga siendo la permanencia, el matiz que marca la diferencia es que las expectativas han cambiado. Quedarse en Primera División es ahora una posibilidad que se presenta como normal en la mente de todos. Sí, en la mente, porque ese es el terreno natural de las expectativas, para lo bueno y para lo malo. Exprimir la plantilla más limitada de Primera División hasta llevarla a puestos UEFA o desplegar un juego brillante salvando la categoría en marzo son logros históricos de Paco Jémez. Dos temporadas extraordinarias que le sitúan como el mejor técnico en la historia de un club con noventa años de historia.

Pero los ingredientes del guiso son diferentes esta temporada. Aún con las limitaciones propias de un club como el Rayo Vallecano, los jugadores puestos a disposición de Paco Jémez tienen un potencial que eleva con argumentos tangibles -Kakuta, Aquino, Léo Baptistao, Bueno, Zé Castro, Insúa – las expectativas puestas en el equipo. A ello contribuye la capacidad ya demostrada por un técnico -con un potencial desconocido y sin experiencia en Primera hasta hace sólo dos años- de generar un producto futbolístico simplemente extraordinario.

Cuanto mejores son los mimbres mejor se espera que sea el cesto. Nadie duda que esta temporada Jémez tiene mejores mimbres, luego se espera que el cesto sea indudablemente mejor. Cuidado, porque no es lo mismo que te ganen equipos con jugadores que no has podido mantener -por salario- en tu plantilla a que lo haga un Elche con Adrián jugando los noventa minutos en Vallecas.

CAMBIO DE EXPECTATIVAS: HAY AL MENOS CINCO O SEIS PLANTILLAS MÁS LIMITADAS QUE LA DEL RAYO VALLECANO

También hay otras cosas no han cambiado tanto, como errores de concepto que se repiten a lo largo del tiempo. Uno de ellos atañe al propio Jémez y a su manía de referirse a las valoraciones de los medios en tono negativo. Me refiero a los “ya he leído por ahí que si yo he traído a Toño” y similares. El Rayo Vallecano es mediáticamente hablando el club más fácil de toda la Primera Division. De hecho es más cómodo que la mayoría de equipos de Segunda y de Segunda B. En cualquier equipo de capital de provincia el caso Lass, el de los tres porteros o cualquiera de los doce mil charcos que ha pisado el técnico en dos años, sería portada en los diarios locales y generaría incendios de proporciones considerables. Aquí nada de nada, pero cuando vienen mal dadas se recurre de igual forma a lo de “lo que escribían algunos”, “nadie creía en nosotros” y “los palos que nos daban”. Nada de nada. El entorno del Rayo es perfecto para trabajar: apoyo incondicional de la grada, cero presión mediática y margen para hacer y decir lo que venga en gana.

Resumiendo lo expresado, el éxito espectacular, brillante e indiscutible, de las últimas dos campañas es pasado. Ya ha pagado sus réditos a todos los implicados y también lo seguirá haciendo -más allá de las condiciones espectaculares con las que trabaja en Vallecas- en la futura trayectoria de Jémez. Y es que está claro que, allá donde recale el técnico la próxima temporada, sólo le pedirán una cosa: cumplir con las expectativas. Lo mismo que se le pide en Vallecas.

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