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No me importa nada que nunca ganes nada

Es un concepto difícil de explicar a todos esos que valoran las temporadas en virtud de los títulos conseguidos. En el fútbol moderno el fin justifica los medios y las victorias justifican millones de euros. Para Real Madrid o FC Barcelona dos partidos sin ganar suponen un drama y tres suponen una crisis de proporciones bíblicas. Una temporada en blanco es un borrón en su historial y dos años sin títulos hunden a sus seguidores en la más absoluta de las miserias. ¿Y si no te importase nada que tu equipo nunca ganase nada?

En esas andan en Vallecas. Aunque pueda parecer una simple resignación ante lo que es una obviedad, lo cierto es el que concepto esconde una realidad más profunda. Que la franja sea sagrada atendiendo a unos valores, relacionados con la victoria pero no entregados a ella de manera incondicional, determina el carácter de los seguidores del Rayo Vallecano. ¿Por qué viajar a Barcelona o dejarte dinero en el Bernabéu si el noventa por ciento de las veces tu equipo va a salir goleado? Imposible de entender para unos, insultantemente natural para otros.

El Real Madrid ha ganado los últimos 12 partidos que ha disputado con un balance de 47 goles a favor y sólo 7 en contra. Hace años que la incertidumbre quedó eliminada en la mayoría de partidos que disputan los poderosos en Liga, Copa e incluso Copa de Europa. Ganan siempre, que es lo que importa. Lo hacen contra rivales -menos cuando juegan entre ellos- con un presupuesto veinte veces menor que el suyo. Pero siempre ganan, que es lo importa. Golean hasta hartarse, hasta convertir en rutina la victoria, hasta eliminar la naturaleza del juego y reducirla al absurdo elevado a la enésima potencia: pongo a todos los buenos en un lado del campo y paso por encima del rival hasta que los récords se me salgan por las orejas. Y se vanaglorian de ello. Cien puntos, mil goles, trescientas mil repeticiones de cada jugada y dos millones de premios individuales y colectivos. Enhorabuena.

Esta fórmula alimenta las frustraciones diarias de la mayoría de los aficionados. Ansiosos por verse reflejados en un triunfo de cualquier tipo, no dudan en hacer suyas esas series de 12 victorias seguidas. Están contentos, porque “ganan” cada fin de semana. El panorama es tan absurdo que incluso se involucran en auténticas pantomimas hasta creer que son ellos los que “ganan” balones de oro. El ridículo social se consuma cuando defienden a sus “pobres” estrellas cuando son criticadas porque, por una vez y por raro que parezca, no les ha tocado ganar. Una ruina de modelo en la que lo que menos importa es el juego del fútbol.

Así las cosas seiscientos vallecanos apoyarán este sábado al Rayo Vallecano en el Santiago Bernabéu. Un grupo de yonkis y gitanos que afrontan cada fin de semana desconociendo si su equipo ganará, empatará o perderá allá donde juegue. Una incógnita que desaparece de antemano en la visita a los poderosos, pero que no merma su ánimo a la hora de animar al equipo de su barrio. Asumen su condición, son felices y disfrutan con ello. Y es que para ellos su franja es sagrada y, por supuesto, no les importa nada que nunca ganen nada.

RHOpinionFirmaJCO

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