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La nada en Eibar

Decepcionante función del Rayo Vallecano en su visita a un escenario tan emotivo como Ipurúa. Si hace una década los de Vallecas regresaban con una derrota trascendental para su futuro, esta vez regresaron a casa con el dolor de estómago que deja no estar a la altura de las circunstancias.

Y es que los de Jémez firmaron en la mañana del domingo una de las peores actuaciones en los más de tres años que el técnico cordobés lleva al frente del equipo. Sin control del juego, sin precisión en ninguna de sus líneas y sin la sensación de tener un plan bien definido, los vallecanos naufragaron ante un conjunto armero muy bien posicionado.

Sin alardes, pero con las ideas claras, los de Mendilibar supieron conducir el choque a su terreno hasta llevarse los puntos con relativa comodidad. El mapa del partido quedó claro desde el minuto 1 cuando Toño sacaba con la pierna, de forma milagrosa, un mano a mano con Borja Bastón. Cierto es que el Rayo respondió con una ocasión clara de Bebé que despejó Riesgo in-extremis, pero esa buena combinación franjirroja se quedó en anécdota y no pasó de ser un espejismo de reacción.

Con Trashorras perdiendo más balones en treinta minutos que en treinta partidos, Tito y Rat sufriendo como nunca y Ebert tan desaparecido como siempre, solamente el joven Diego Llorente daba la talla. Paradojas del destinio, fue un despeje desafortunado del central el que se convertía en tanto en propia puerta a favor del Eibar. Poco o nada que reprochar al canterano del Real Madrid que fue, de lejos, el mejor de la franja tanto en actitud como en rendimiento durante los noventa minutos.

De ahí hasta el descanso nada por aquí y nada por allá. Jémez se desesperaba en la banda mientras que el Eibar se instalaba en el terreno de la comodidad, sólido en tareas defensivas e intermitente, casi siempre con entradas de Keko Gontán por banda, en el terreno ofensivo.

El arranque de la segunda mitad es lo único que puede salvarse dentro del naufragio colectivo de la franja roja. Por instantes, siempre haciendo un esfuerzo imaginativo, se intuyó de forma remota el patrón de juego del Rayo Vallecano. En cualquier caso, el dominio no pasó de ser territorial y careció de la profundidad necesaria para hacer daño al rival.

Javi Guerra, tan errático como abandonado a su suerte, puede dar buena fe de ello.

Así las cosas el técnico vallecano se decantó por mover el banquillo. Pablo Hernández fue el primer elegido, pasando totalmente desapercibido en la media hora larga de la que disfrutó. Tampoco ofrecieron mucho más Lass y Manucho, si bien el extremo guineano tuvo en sus pies el empate. Fue en un centro desde la izquierda que Javi Guerra no remataba y que Lass, solo en el segundo palo, echaba por encima del larguero.

Mientras el Eibar perdonaba el segundo en repetidas ocasiones, el Rayo se encomendaba a lo corto del marcador para que una jugada confusa le ofreciera un punto de rebote. Pero el milagro no llegó y Álvarez izquierdo consumó con el pitido final lo que se venía fraguando durante noventa minutos. Derrota y jarro de agua fría para el centenar de aficionados desplazados a Eibar en lo que fue, salvando la enorme distancia, un recuerdo de la decepción del 2007.

RHOpinionFirmaJCO

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