La lesión de Mauri

7 de abril de 2007. Estar cerca de la noticia también implica contar situaciones desafortunadas. Por aquel entonces, el Rayo Vallecano visitaba semana sí semana también a sus vecinos madrileños del Grupo I de Segunda División. Las mañanas de domingo en Cobeña, Alcorcón, Leganés o Fuenlabrada eran habituales en la hoja de ruta de los aficionados rayistas, fieles a sus colores en una época tan complicada.

Mauri fue una de las apuestas de Pepe Mel tras su llegada al banquillo franjirrojo. El técnico conocía al delantero de una etapa anterior en Coslada y confió en su capacidad goleadora para luchar por el ascenso. El sueño de Mauri se truncó una mañana de abril en La Aldehuela cuando se destrozó la rodilla en una jugada fortuita.

Los allí presentes todavía recuerdan el chasquido de la rodilla y los gritos de dolor de un Mauri desconsolado. De poco sirvió el consuelo de sus compañeros y del Doctor Beceiro a pie de campo. La lesión era grave y todos lo sabíamos. Esa jugada cambió para siempre el destino de un jugador humilde como Mauri y también tuvo efectos colaterales. Mel se fijó en Piti para cubrir la baja del delantero, abriendo las puertas de Vallecas para el jugador catalán, clave en el siguiente lustro de historia de la franja.

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