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La gran ocasión perdida

Un patio de recreo en Vallecas. Juegan al fútbol un puñado de niños. Persiguen el balón y lo piden según aterriza en los pies del compañero. No hacen falta petos ni porterías con larguero, cada uno sabe quién es de los suyos y dónde le toca marcar. De entre la diversidad de camisetas se distinguen un par de ellas con una franja roja. Son del Rayo Vallecano. Son pocos pero visten con los colores del equipo de su barrio. Estamos en 2016, cabe subrayarlo.

Quien describe este cuadro también ha ido a un colegio e instituto público en Vallecas, entre los años 80 y 90. Por entonces las escenas se repetían, es lo que tiene el recreo, un balón de fútbol y niños cuya máxima preocupación es disfrutar de la vida. No obstante, faltaban esos colores. Cuesta recordar a compañeros de clase que luciesen su camiseta franjirroja con orgullo. Lo mismo sucede cuando toca hablar de paseos por el barrio o de las coladas de ropa colgadas que adornan las calles paralelas a Payaso Fofó, cerca de Sierra del Cadí. Encontrar una camiseta con estos colores era casi imposible.

Las cosas cambiaron a partir del siglo XXI. La masa social del Rayo, sin llegar a ser ingente, ha ido creciendo en cuestión de lustros. No es raro ver a niños, niñas y adultos llevar su camiseta rayista un día cualquiera por el barrio, haya o no partido. La tendencia coincidió con los años más convulsos en lo deportivo, con dos descensos consecutivos, las duras temporadas en Segunda B y la resurrección hasta el desastre del reciente retorno a Segunda. Paradójicamente, los “tiempos malos” sirvieron para crecer e este sentido. El ambiente que se respira en el Estadio de Vallecas ha pasado a ser espectacular, algo impensable cuando apenas 5.000 personas veíamos al Rayo golear al Girondins en la UEFA.

LOS RESPONSABLES

No es difícil encontrar responsables de esta situación. No, no miren hacia el palco de autoridades. Háganlo en dirección a los asientos, a la propia afición, que liderada por Bukaneros se ha encargado de crear un tejido social que jamás se vio en torno al apreciado Rayito. Las peñas, la Plataforma ADRV e infatigables aficionados se han dejado el alma por un club que no ha sabido leer el potencial de lo que tiene entre manos.

Los últimos episodios en mes y medio confirman la negligencia e incapacidad de quienes mandan en este Rayo. La sensación de un equipo a la deriva es más palpable que nunca. Si en lo deportivo las noticias caen con cuentagotas, en lo social el tema es sangrante. A las pruebas toca remitirse: no hay plan para este equipo. Justo cuando tienes delante de ti una oportunidad de oro para “crear pueblo”, para voltear otro de esos “tiempos malos” en el propio beneficio, resulta que no existe hoja de ruta alguna. La gestión de la “marca Rayo” (impulsada, repetimos, por la afición) no puede ser más nefasta por parte del club, dejando todos los detalles posibles al azar cuando cuidarlos es precisamente lo más urgente para generar ilusión y seriedad.

Sólo basta con echar un vistazo a los canales públicos del club. La página web no puede dar un aspecto más triste. En su parte derecha vemos insertada la tabla clasificatoria de la Primera División… de la próxima temporada. Sí, efectivamente, el nombre Rayo Vallecano no aparece ahí. Pero ahí está, reluciente, con los Granada, Alavés, Leganés y Osasuna en ella. Bravo. Un aplauso. Busquen si quieren los precios de los abonos de la próxima temporada. No los encontrarán ahí. Ni ahí ni en ningún lado. Cincuenta días después del descenso y pese al clamor de los hinchas que quieren renovar, la directiva da la callada por respuesta. Intento encontrar una explicación y entro en una dimensión paralela de colorines, surrealismo y unicornios. Nadie entiende que ni siquiera se haya tenido este detalle.

DESUNIÓN RAYO

Sigamos con el análisis de la ‘excelente’ gestión de la “marca Rayo”. Visiten su Twitter. Es bastante probable que si son usuarios de esta red social sean alguno de los 309.000 seguidores que tiene la cuenta oficial del club. Nos encontramos con un perfil nulo en interacciones con los usuarios y pobre en lo creativo y original. Los ejemplos de equipos con una mejor gestión en esta parcela son múltiples y en todas las categorías. Suelen ser perfiles llevados por profesionales de la comunicación adaptados a un entorno con un potencial magnífico que es despreciado en este caso. Basta con seguir estos ejemplos para obtener un plus notable a la imagen del equipo sin precisar unos recursos económicos extraordinarios. Lo mismo sucede con Instagram y sus 13.000 seguidores. De Facebook no hablamos porque es el único club de los que jugaron en Primera en la última temporada que directamente ni tiene.

Por supuesto, no nos podemos olvidar del último sinsentido en materia de comunicación. Hablamos de Unión Rayo, la que hasta ahora había sido la radio oficial del club en las últimas campañas. Cumplía una labor muy necesaria y hasta donde alcanzan mis conocimientos no suponía gasto alguno al club. ¿Decisión respecto a su futuro? No decidir y poner fin al proyecto. Terrorífico. En un club que no maneja bien los canales más modernos se decide prescindir de uno más tradicional y que había cumplido su labor con creces.

¿A qué obedece este tiro en el pie justo en el momento en que el Rayo va a pasar a un plano informativo muy pero que muy discreto? Ni la más remota idea, pero a todas luces, una decisión nefasta que no hace sino sembrar más desilusión en los aficionados rayistas.

SIN RUMBO Y PAGANDO LAS CONSECUENCIAS

Por lo que vemos, de absolutamente nada sirvió la visita del conjunto vallecano a Hamburgo el pasado verano para enfrentarse al St. Pauli. Ahí tenían la respuesta, el espejo donde mirarse y tomar nota. Todo lo que rodea al equipo alemán es potencialmente en lo que podría convertirse el Rayo Vallecano. Nos referimos a nivel de valores culturales y políticos y también lo hacemos en la gestión de marca. El marketing en torno al club de la Bundesliga 2 es espectacular. Camisetas, sudaderas, chándals, toallas, banderas, gafas de sol, tazas, tostadoras… todo lo imaginable con los colores o el logo de tu equipo lo podías encontrar allí y en su tienda online. Por no hablar de la comunión entre equipo y afición, de otra dimensión. Una visita en la que quienes dirigen la franja podían haber tomado buena nota. Pero no. Goleada por 4-2 y para casita, que hacía fresco.

La sensación de la no existencia de rumbo es demasiado evidente. La estrategia operativa en relación al futuro brilla por su ausencia, ni a corto, ni a largo plazo. Es terrible y frustrante. ¿Dónde estaban los dirigentes del club cuando se desciende a Segunda B en 2004? No tengo ni idea, pero ya les digo yo que fue muy doloroso y los paralelismos con lo que sucede en la actualidad son tan evidentes como peligrosos para la supervivencia de la entidad. Ni es una exageración ni una predicción agorera gratuita. Hablas con la propia gente que trabaja en el club, en categorías inferiores o en otras parcelas y duele ver cómo tuercen el gesto y muestran una mueca al alimón entre la sorpresa y la indignación.

Han pasado varias semanas desde el hundimiento en Anoeta certificado una jornada después ante el Levante. Desde entonces, lejos de hacer piña, cuidar a quienes ya se encargaron de poner en pie a un Rayo al que le faltaba el aliento, hemos asistido a un reparto de desilusión en proporciones gigantescas. Como todo en esta vida, esta política traerá sus consecuencias y resulta fascinante que una premisa tan básica se ignore con semejante pasotismo desde la directiva con Raúl Martín Presa a la cabeza. Mucho me temo que o se produce un golpe de timón brusco o esa escena que dibujábamos al comienzo del texto con niños y un balón de por medio se diluya con el paso de los años. Estamos ante un contexto excepcional para crecer y que la franja se luzca con más orgullo que nunca. Sin embargo, nos vemos a la deriva, sin rumbo y todo apunta a que la ocasión se tirará por la borda.

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