La avaricia mató al Rayo

Me he molestado en mirarlo: 6925. Ese es el número total de piezas, largas o cortas, teletipos o reportajes, relevantes o irrelevantes, que he escrito en los 11 años que van desde la fundación de Rayo Herald en 2005 hasta la fecha de hoy. La 6926 llega tarde, porque nuestra publicación ya no es lo que era, y embarullada, porque expresar con claridad lo vivido en un mes de mayo tan negro para la franja es prácticamente imposible, pero allá va.

Para que nadie pierda el tiempo ni se sienta ofendido, aviso que mis líneas de opinión están completamente probadas y pueden ser demostradas al cien por cien. En otras palabras, que siempre pueden preguntarme si sigo opinando lo mismo y se lo certificaré al momento las veces que haga falta, sin ruedas de prensa ni pantomimas de por medio.

Y es que manda narices que precisamente futbolistas y entrenadores, hartos de lanzar mensajes sobre la parcialidad de los arbitrajes sin prueba alguna, se ofendan sobremanera cuando ellos son los protagonistas del esperpento. Hay que ser cínico para criticar con tal vehemencia situaciones insinuadas, por no decir reconocidas y filtradas, de puertas hacia dentro. Da vergüenza ajena escuchar a Martín Presa acusar a Sevilla y Granada sin pruebas al tiempo que pide respeto para los suyos. Es lamentable escuchar a Piti y Amaya, veteranos con antecedentes, insinuar malas actitudes en el Sporting – Villarreal cuando hace dos días pedían rigor informativo en rueda de prensa. Ancho para mí y estrecho para los demás, como siempre.

PASAPORTE A SEGUNDA

Hay que tenerla muy larga, la más larga de Vallecas diría yo sin necesidad de pruebas fehacientes, para organizar una rueda de prensa y hablar de tu futuro personal con el Rayo Vallecano moribundo y condenado a Segunda División. Ni esa semana ni en 170 años que pasen, que es lo que tardaría un trabajador mileurista del barrio en ganar lo que ganado Paco Jémez esta temporada, encontrarán a un fiel de la franja al que le importe un pimiento si hubo o no encuentro con Peter Lim en Singapur. Todo esto para luego exclamar sin titubear que sólo seguiría en el banquillo del Rayo bajo sus condiciones y exigencias a pesar de haber descendido al equipo a Segunda. ¿Estamos locos? ¿Dónde quedó ese recién llegado de Córdoba que no hablaría de su futuro hasta terminar la temporada?

Está claro que Jémez no es el único reponsable de la catásfrofe, pero es justo poner las cosas en perspectiva. A Jémez le corresponde el mismo porcentaje de responsabilidad sobre este fracaso que sobre los éxitos incontestables de temporadas anteriores. Lo mismo que le toca del mejor Rayo que se ha conocido en Primera le toca de la temporada más ruinosa del club en su historia reciente. Y no, no basta con dar todo lo que tienes para justificar que no se han conseguido los objetivos marcados. La tasa de fracaso de Jémez en Vallecas es del 25% con una fórmula muy clara: 3 años consiguiendo la permanencia y 1 siendo incapaz de hacerlo.

La realidad es que este año, a diferencia de campañas anteriores, Jémez no ha sacado lo mejor de sus hombres. El Rayo Vallecano no ha jugado bien. Es más, en muchos tramos lo ha hecho horrorosamente mal. El Rayo no desciende habiendo desplegado un fútbol vistoso, arriesgando en busca del juego preciosista de toque y castigado por su espíritu libre y ofensivo. El Rayo Vallecano desciende habiendo jugado mal, con un fútbol ramplón y conservador, aceptando empates sin morir en el área rival, traicionando valores de pasadas temporadas, con decisiones de banquillo tan erráticas como dudosas, empezando por el bochorno de la portería.

OKLAHOMA CITY THUNDER

Pero dejemos a Jémez a un lado por un momento. Para que un equipo humilde como el Rayo Vallecano consiga los objetivos marcados todas las piezas de su engranaje deben estar perfectamente colocadas en su sitio. La entidad ha equivocado sus prioridades, perdiendo tiempo y esfuerzo en iniciativas irrelevantes para el futuro de la franja. Asumiendo que al Rayo se le ha perdido algo en Oklahoma, que ya es mucho asumir, ni el tiempo ni las formas han sido los correctos. Cada minuto que Martín Presa y Felipe Miñambres han invertido en la aventura americana no lo han invertido en el hoy y en el ahora del club, que era lo necesario e imprescindible.

Cada minuto que Martín Presa empleó negociando en Estados Unidos posibles oportunidades no lo hizo en Payaso Fofó sobre situaciones de urgencia real. Cada minuto que Felipe Miñambres pasó en Oklahoma no lo pasó en su oficina de Vallecas, viendo jugadores que pudieran mejorar la plantilla en invierno. El resultado fue una lista negra de fichajes invernales: Ozbiliz, Iturra, Crespo, Yoel y Piti “reforzaron” al equipo a mitad de temporada. Imprudencia temeraria con resultado de homicidio involuntario y 40 millones de euros por ingresos de televisión tirados por el retrete. Ahí estaba la prioridad y el futuro económico del club, no en América.

No sirve absolutamente de nada, pero basta con echar un vistazo al pasado verano para confirmar que las bases del despropósito estaban puestas. Una gira por China con demasiadas caras conocidas en una plantilla con falta de ambición al tener contratos asegurados por dos años. La dirección deportiva se equivocó no buscando al nuevo Zé Castro, a otro Manucho, a un lateral izquierdo suplente de garantías. La clave del éxito reciente, que no fue otra que los contratos cortos y la motivación de las nuevas caras, cayó en el olvido. Al mismo tiempo, a Jémez se le consintió un contrato corto -malo para los intereses del Rayo- con un mordisco considerable al presupuesto. Cissé, Fariña, Zhang y compañía son ejemplos particulares de un error global que ha condenado al equipo.

LOS GANADORES DEL PARTIDO

Lo más triste de todo es que nadie le pide al Rayo Vallecano que se quede en Primera. Por tamaño y recursos es normal que sea un candidato para el descenso, pero esconder todos los errores evitables bajo el paraguas de equipo modesto es un acercamiento mezquino. Por si fuera poco, el desacierto en los despachos y en el banquillo ha estado acompañado una falta de rigor en los mensajes públicos esgrimidos por los representantes de la entidad. Jémez, por mencionar uno de sus muchos deslices, aseguró que “prefería irse a Segunda con la cabeza alta antes de quedarse en Primera con la cabeza agachada”, una afirmación muy digna pero que no concuerda en tiempos verbales y personas. “Prefiero que os vayáis a Segunda con la cabeza alta” es mucho más apropiado cuando no te vas a quedar a verlo.

Además, la altura de la cabeza y el porcentaje de dignidad es más que dudoso viendo lo sucedido en Anoeta. Le pese a quien le pese, ese no fue un partido normal. Pónganse 100 partidos de fútbol y luego la cinta de ese choque y busquen coincidencias (intensidad, toma de decisiones, gestos..). No encontrarán ninguna, pero según los protagonistas no se puede hablar de ello porque no hay pruebas. No hay pruebas de los motivos, pero sí de los hechos visibles, y sobre ellos es lícito, legal y necesario opinar. Lo que no es de recibo es no querer que otros digan lo que tú mismo piensas pero no puedes decir públicamente por intereses personales.

A partir de ahí, que cada uno asuma responsabilidades o escurra el bulto como pasa siempre. Personalmente, me creo que saltaron chispas entre ciertas personas en el autobús de regreso de Donosti, aunque no estuviera dentro para verlo. Particularmente, estoy seguro que el partido que hizo Iturra como mediocentro rayista en Los Cármenes nunca se estudiará en las academias de fútbol. ¿Que los titulares en Anoeta pero suplentes contra el Levante levantaron la voz indignados sintiéndose señalados cuando Paco cantaba su último once titular en Liga? Tampoco me extraña. Es más, apuesto a que fue así.

El resumen es que todos han chupado de la teta del Rayo hasta que le han dejado seco y tiritando. Cuando ya habían sacado mucho aún han querido más. La avaricia ha hecho que con el dinero de la televisión no fuera suficiente, había que buscar oro líquido en Oklahoma. La avaricia ha hecho que un gran contrato como entrenador del Rayo Vallecano no haya sido suficiente, había que apretar más hasta quedarse sin dinero para jugadores y poner a juveniles por banda. La avaricia ha hecho que pesara más recaudar por entradas de visitante a precios elevados que generar una comunidad de fieles permanente a un precio más reducido. Se ha negociado el precio del decibelio con la grada y se ha perdido. La avaricia de todos. Quiero más y más…y en el fondo, de inversión claro, jugadores, agentes y dirigentes. Ciento setenta, ahora lo pongo con letra, son muchos años. Para el que no se haya dado cuenta aún, ellos siempre ganan su partido.

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