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Injustos podemos

Una vez más los aficionados del Rayo Vallecano responden a la habitual llamada de socorro en una situación crítica. En esta ocasión la alerta llega a falta de dos jornadas para el final del campeonato, con el equipo seriamente amenazado por la sombra del descenso, desgraciado a partes iguales por las lesiones y las malas decisiones, futbolísticamente a la deriva y mentalmente superado por las circunstancias. Es ahora cuando el calor de la grada se hace imprescindible, se reparten responsabilidades y llega la hora del “Juntos Podemos”, del “Ahora Rayo Ahora” y de toda una serie de llamadas caprichosas ante las que el rayismo responde tan fiel y tan incombustible como siempre. Ya se han agotado las 1199 entradas para el partido del domingo en San Sebastián y allí estarán todos, bufanda en mano, para arropar a la franja. No obstante, todos ellos seguirán aquí llueva o truene, en Primera o en Segunda, el año que viene.

Y es que el “Juntos Podemos” siempre llega con un rastro de pena, de ocasión perdida. No es más que en un acercamiento puntual que actúa como parche a un problema que se debería atajar de manera permanente. ¿Qué se hace durante el año para fomentar los desplazamientos de aficionados lejos de Vallecas? ¿Qué se ha hace durante el año para generar una comunidad rayista, un orgullo de barrio, una pasión por la franja que llene el estadio cada fin de semana? ¿Qué se haría para el desplazamiento a Anoeta si el Rayo estuviera el 12º salvado en mitad de la tabla? Nada.

Más allá de lo que suceda en estas dos jornadas, durante los últimos cinco años el Rayo Vallecano ha perdido una ocasión única de consolidar su marca. Un equipo de barrio, con un sonido único, un ambiente particular, una cultura de valentía, coraje y nobleza que podría haber establecido unos bases sólidas y permanentes para los próximos veinte años. Sin embargo, a pesar de hacer disfrutado de los mejores años deportivos en la historia del club, el futuro de la entidad está únicamente vinculado a la categoría en la que juegue el equipo. Uno de los muchos errores que dan la razón a todos aquellos que afirman que el Rayo Vallecano actual es un milagro.

La triste realidad es que el Rayo nunca ha dejado de ser la vaca de la que todos chupan. Antes era una vaca que producía flanes Dhul y ahora es una prima hermana de los búfalos de Oklahoma. La paradoja llega cuando en el “Juntos Podemos” los que chupan de la teta de la vaca piden ayuda al pueblo para atender a sus obligaciones profesionales.

¿Juntos Podemos? Venga vale, lo intentamos juntos en la dos jornadas que faltan y si por cualquier cosa el equipo desciende nos ponemos cien por cien a disposición del club para garantizar su futuro. Entonces Jémez renuncia a dos tercios de su sueldo, se queda en Segunda en lugar de entrenar a la Selección o equivalentes, y arregla lo que ha estropeado como siempre dijo que le han enseñado. Los jugadores también se bajan el sueldo o renuncian

a los años de contrato que han firmado si el club así lo precisa, la renovación de abonos baja a la mitad de precio y todos juntitos nos sacrificamos para devolver a la franja a Primera División.

No. Eso no va a pasar y tampoco digo que eso sea lo que tendría que pasar. El problema es que siempre se usan imprecisiones lingüísticas en beneficio propio. “Jugando así seguro que nos vamos a salvar”. No, jugando así, esto es concediendo goles tontos en el 92′, no te vas a salvar, vas a descender. “Yo si fuera el presidente renovaría a toda la plantilla”. No, algunos merecerán la renovación y otros no, como es normal. “Estamos al 90% salvados”. No, imprudencia temeraria con resultado de relajación y sensación de no ser consciente de las opciones reales de descenso.

La realidad, guste o no, es que el Rayo Vallecano no ha jugado bien esta temporada. ¿Que lo normal para un equipo de su nivel es sufrir hasta el final? Evidente, pero eso no elimina la necesidad de hacer autocrítica para mejorar. Mirar hacia otro lado, obviar el problema, esconderse en las dificultades intrínsecas de la Albufera no ayuda nada. Creer que no se puede descender es el primer paso para descender.  Igual de justo es asegurar que Jémez y Miñambres son los mejores de la historia del Rayo en sus puestos como decir que fracasarán estrepitósamente si dejan al Rayo en Segunda de esta manera. El sueldo de Jémez -a la altura o por encima de Marcelino o Emery en equipos punteros- y los recursos puestos a disposición deberían ser suficientes para dejar a la franja en Primera. Valgan Cissé, Ozbiliz, Piti, Zhang, Fariña, Juan Carlos, Iturra, Nacho, Dorado, Yoel o Lass como ejemplo.

Cierro anticipando la respuesta (el resto por @rayoherald) tanto para los que van a gritar que “es el momento de sumar y remar todos para el mismo lado, no de criticar” como para los que van a acumular inquina para decir desde el césped “y ahora qué nos hemos salvado qué dices”. El Rayo siempre puede bajar y de hecho es lo que menos importa en todo el texto. Lo que importa es la forma en la que se recorre el camino, juntos cuando queremos e injustamente alejados cuando conviene. El Rayo se ha acomodado y se ha descuidado, y lo mismo aplica para el rayismo en general en muchos casos. ¿Los medios? Influencia cero, nula capacidad de crítica, menos que la que recibe un equipo de capital de provincia. Un hueco testimonial en As y Marca, la buena voluntad de los compis de las radios en sus espacios de mediodía y poco más que los departamentos de información corporativa del club. ¿Rayo Herald? A años luz de lo que fue, inerte, alejado de informaciones críticas para el futuro del club, indispuesto para realizar su labor en la cosmogonía de la franja. Seguiremos informando.

 

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