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Hoy más que ayer

Irya nació el 12 de diciembre. Lo cierto es que yo siempre quise tener un niño, pero cuando me dijeron que sería una chica no se me pasó por la mente otra opción mejor. Ya podía imaginarme con ella viendo el concurso de mates del All Star, vibrando con la Super Bowl, jugando al FIFA… y yendo a Vallecas a disfrutar de nuestro Rayo.

Se me agolpan los recuerdos. Sigue viva la imagen en mi mente cuando mi padre me cogía de la mano y recorríamos el camino entre la calle Almonacid y el Estadio. El ascenso después de ganar al Deportivo de la Coruña. Botella y Hugo Maradona. El empate a cuatro ante el Atlético de Madrid. Onésimo haciéndome llorar de alegría en la promoción ante el Mallorca. Un paseo por la Copa de la UEFA con apagón incluido después del gol de Alcázar. Romper el invicto del Real Madrid de Fabio Capello con Ezequiel Castillo. La magia de Luis Cembranos…

En Vallecas también lo hemos pasado mal. Un gol de Baraja dejándonos a las puertas de semifinales de Copa del Rey. Salamanca. La travesía por el desierto de la Segunda B . Ipurúa. Concurso de acreedores… y ahora San Sebastián. Porque por mucho protagonismo que se quisiera asignar a Marcelino poco o nada tuvo que ver con el descenso que se confirmó hace ya más de un mes.

Han sido cinco años para el recuerdo, pero ya son parte de pasado. Ahora llega el momento de pensar en el futuro. Una vez digerido el primer plato del regreso a la división de plata (todavía no he podido con el segundo y el postre) queda la fe. La fe y un amor inquebrantable que va mucho más allá de jugar en Primera o en Segunda B. Es imposible no querer a este equipo. Porque el Rayo Vallecano va un paso más allá de once jugadores con una franja sobre el pecho. Porque esa franja cruza el alma y forja una personalidad. Valores. Y eso, amigo mio, no te lo dan las Ligas o las finales. Eso lo da un barrio, una afición que después de un descenso se queda veinte minutos (o los que sean) aplaudiendo a sus futbolistas. Porque el fútbol es algo más que ganar. Y eso no se enseña, se vive. Por eso a sus siete meses Irya Vargas será abonada del Rayo Vallecano la próxima temporada.

RHOpinionFirmaIV

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