Espectacular y autodestructivo

El fútbol fue justo con el Rayo Vallecano en El Madrigal. Una primera media hora de juego excepcional se vio recompensada con dos goles -Gael Kakuta y Alberto Bueno- que pusieron el partido en clara franquicia para los Paco Jémez. Una segunda hora de juego horrorosa castigó a los franjirrojos con cuatro goles y dio el triunfo de manera merecida al Villarreal.

El partido será recordado por las dos caras extremadamente opuestas mostradas por el Rayo Vallecano a lo largo del partido. La brillantez del fútbol desplegado en los primeros treinta minutos de juego está al alcance de muy pocos equipos, incluyendo los de presupuesto superlativo. De igual manera, el despropósito mostrado en los segundos sesenta minutos del choque queda al alcance de muy pocos grupos de once jugadores que tengan un objetivo común.

El espectáculo de un fútbol vistoso y productivo, eficiente en todos los aspectos y con el sello de Paco Jémez, se apoderó del feudo amarillo en los primeros compases del juego. Liderados por Alberto Bueno, los de la franja roja mostraron sin pudor sus virtudes. Valgan como ejemplos de semejante despliegue las internadas de Tito y Licá en banda diestra, la aplicación de Baena en el corte defensivo o las peligrosas llegadas de Kakuta al área de Asenjo.

Sin embargo, la capacidad de autodestrucción del Rayo se empezó a intuir en el último cuarto de hora de la primera parte. Los de Jémez dejaron con vida a un Villarreal concediendo un gol inexplicablemente fácil antes del descanso. Las malas sensaciones se confirmaron en la segunda mitad. Los pupilos de Marcelino aprovecharon el bloqueo visitante para castigar la red de Cristián

Álvarez, que alternó grandes intervenciones con negligencias conocidas -juegue quien juegue- en el despeje del balón.

A partir de ahí derrota y decepción por la oportunidad perdida por un equipo que llevó al extremo la cara trasera del sello Jémez. El conocido descontrol del técnico en la lectura de los partidos que se tuercen -con reacciones tan impulsivas como llamativas y, a la postre, inadecuadas– se llevó por delante cualquier opción de capitalizar lo demostrado apenas una hora antes. En resumen, un camino que no por conocido es menos doloroso cuando te pintan la cara.
RHOpinionFirmaJCO

PUNTUACIONES RAYO HERALD

6 CRISTIAN

6 TITO

3 MORCILLO

4 ZE CASTRO

3 INSUA

6 BAENA

5 TRASHORRAS

6 LICA

6 KAKUTA

7 BUENO

4 BAPTISTAO

POZUELO

QUINI

MANUCHO

4 JEMEZ

RH POSITIVO

DESEQUILIBRIO

Atacar es crear desequilibrios. Con esta máxima salieron los vallecanos en mente y bien que la llevaron a la práctica en una primera media hora de escándalo. Licá fue el elegido por Jémez para suplir al hasta ahora imprescindible Aquino. El portugués se situó en la banda derecha, carril por el que más insistieron los visitantes.

La elección no fue casual. La idea pasaba por desequilibrar en un flanco protegido por el jovencísimo lateral Adrián Marín y al que el partido se le convirtió en una pesadilla. Tanto el portugués como Tito pusieron desde esta banda los centros que darían pie a los goles de Kakuta -quien volvió a ser de lo mejor del Rayo- y Bueno. Una pena que la intensidad exhibida acabase en el desagüe conforme avanzó el crono.

EL ANCLA

Raúl Baena fue uno de los primeros nombres que sonaron como futuribles lejos de Vallecas durante el periodo de fichajes. En la pasada temporada las actuaciones del malagueño con la camiseta franjirroja quedaron ensombrecidas por las ofrecidas por el hoy atlético Saúl Ñíguez. Pero a pesar de los rumores, el ex del Espanyol se quedó en el Rayo para pelear por un puesto que en estas primeras jornadas ha conseguido por méritos propios y esfuerzo titánico.

Su labor de destrucción en El Madrigal fue correctísima mientras los vallecanos no desconectaron en conjunto del partido. Fue el ancla que necesitó el equipo hasta que acabó suelta, sin rumbo, en el hundimiento que protagonizaron los de Jémez. Hasta el momento de la debacle, notable alto por parte de un hombre al que todo el mundo descartaba hace cuestión de dos meses.

RH NEGATIVO

PUERTAS ABIERTAS

La buena lectura inicial del partido, al saber las debilidades del contrario y explotarlas al máximo, se diluyó a partir del tanto de Espinosa. Los de Marcelino se desperezaron y se vinieron arriba a base de mover el balón con más brío y rapidez de lo que lo hicieron las mentes y piernas de los rayistas. Una vez superada la primera línea de presión, los amarillos aprovecharon la particular jornada de puertas abiertas en defensa que dejó su rival.

Morcillo, que alternó claroscuros en sus primeros minutos como titular con la franja, y un Zé Castro muy lejos de su mejor nivel, se vieron superados por un ataque certero y eléctrico. El desplome defensivo fue total y solo las buenas intervenciones de Cristian impidieron una goleada mayor y que no hubiese sido inmerecida.

MIEDO A LAS ALTURAS

Los puntos débiles de un Rayo en plena reconstrucción son de lo más variado. Sin embargo, hay algunos comunes a los de otros años, hasta el punto de parecer endémicos de la franja. El balón parado es uno de ellos, tanto en ataque como en defensa. El gol de Musacchio que puso las tablas en el marcador fue el fiel reflejo de lo que sufre la escuadra de Vallecas en estos lances. Pese al poderío por alto de hombres como Morcillo, Castro, Manucho o el borrado de la convocatoria Ba, no es plato de buen gusto toda falta lateral o córner.

Las malas defensas a estas acciones se repiten y en ataque no mejora la historia. Como sucediese en años anteriores, los córners botados por los franjirrojos distan mucho de conllevar el peligro que tienen cuando el balón sobrevuela el área rayista. Aspecto de juego que debe ser mejorado más pronto que tarde, ya que son acciones que deciden partidos.

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DETALLES

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PACO JÉMEZ, DESESPERADO
El Rayo Vallecano estuvo desaparecido en la segunda mitad del partido en El Madrigal. Paco Jémez no encontró la manera de que su equipo recuperase el camino encontrado en la primera media hora de juego. Sus decisiones desde el banquillo -Pozuelo, Quini y Manucho- no fueron efectivas.

post20140921-1b
TITO, EL TERMÓMETRO
El rendimiento de Tito fue el termómetro del Rayo Vallecano en Villarreal. Una primera media hora brillante -con asitencia de gol a Kakuta incluida- dejó paso a una hora de sufrimiento defensivo. Su cambio de posición, de lateral a central, representó el descontrol y la pesadilla rayista.

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