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Empate, sin más

Es oficial. El Rayo Vallecano 2015/16 está futbolísticamente por debajo de las tres versiones anteriores puestas en marcha por Paco Jémez. Si bien numéricamente el equipo sigue la misma línea que en campañas anteriores -terminadas todas ellas en mayo con notables y sobresalientes- el juego desplegado por los de la franja no llega a los niveles de calidad alcanzados en los cursos previos.

En Getafe, como sucediera en Eibar por poner un ejemplo, el Rayo Vallecano deambuló durante muchos minutos por el césped, dejando pasar el tiempo como sin tal cosa. Incluso las versiones más atrevidas del pasado, jugando con fuego en el alambre de la zona defensiva, generaban mejores sensaciones en un equipo que cuando llegaba a la zona de creación disfrutaba del fútbol ofensivo. A día de hoy, los de Vallecas despliegan con demasiada frecuencia un fútbol plano, indiferente y anodino.

De esta manera, el Coliseum fue testigo de una combinación letal para el espectador. El nuevo fútbol sin chispa del Rayo Vallecano, las bajas temperaturas de una fría noche de lunes laborable y, por si fuera poco, las limitaciones de un conjunto azulón incapaz de superar un año más a sus vecinos de Vallecas. Los de Fran Escribá, sin grandes alardes, buscaron con más intensidad la portería rival desde el primer minuto de juego. Sin embargo, las ocasiones de peligro brillaban por su

ausencia. Cuando aparecían, la candidez en los remates de Víctor Rodríguez -de lo mejorcito del Getafe por otra parte- hacía imposible que el marcador se moviera.

Así las cosas tuvo que ser Jozabed, autor de un gol el año pasado en el mismo escenario, el que animase un poco el partido. Fue primero con un tanto en propia puerta que certificaba un grave error de Dorado en la salida del balón. El central, que tuvo su oportunidad en ausencia del sancionado Zé Castro, representa de alguna manera el poco interés que despierta este nuevo Rayo Vallecano. Sí, está. Sí, puede que cumpla. Sí, vale como recambio, un día estará mejor y otro peor, pero ni rastro de ilusión o de poder llevar al equipo a un nivel superior.

Con el marcador en contra Jémez volvió a mirar al banquillo. Ya lo había hecho en la primera parte, en una de esas medidas en caliente que practica cuando algo no le gusta, mandando a Bebé a la ducha de manera anticipada. Su recambio, el alemán Ebert, no debería haber durado mucho más que el portugués sobre el terreno de juego, ya que no ofreció ningún valor adicional ni en términos de acierto ni en términos de actitud. En cualquier caso, ya con defensa de tres como medida de urgencia, el Rayo se encontró con el regalo de Vigaray. El defensa del Getafe tocó de manera incomprensible el balón con la mano dentro del área, obligando a De Burgos

Bengoetxea a señalar el punto de penalti. Trashorras estrelló el esférico en el cuerpo de Guaita pero Jozabed, atento al rechace, puso el empate en el marcador resarciéndose de su mala fortuna en el gol en propia puerta.

Los últimos compases del choque trascurrieron con el Getafe maldiciendo su suerte y los de Jémez volviendo a su defensa de cuatro con la entrada de Amaya, aceptando unas tablas congeladas que no tienen nada que ver con el alimento fresco que el Rayo estaba acostumbrado a producir. En definitiva, mucho trabajo por delante para llevar al equipo a un nivel por encima de lo que le corresponde como se consiguiera en ejercicios anteriores. En caso contrario, los de Jémez librarán la batalla que les corresponde por presupuesto, intentando salvar la categoría con más uñas y dientes que bocanadas de buen fútbol. No será poco y lo normal, atendiendo a las excelentes referencias del pasado, es que lo consigan, pero a día de hoy este equipo no tiene chispa.

RHOpinionFirmaJCO

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