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El aplauso de Paco

En el fútbol, como en la vida, las expresiones más sinceras suceden por combustión espontánea. Por fortuna para los que aman la franja, el Estadio de Vallecas es una fuente inagotable de ese tipo de sensaciones. La última sucedió en el minuto 72 del Rayo – Valencia cuando la grada, indignada por la expulsión de su técnico, coreó el nombre de Paco en su camino a vestuarios.

El periodismo deportivo actual carece de esa combustión espontánea. La inmensa mayoría de debates e informaciones se corresponden con filias, fobias, amiguismos y concesiones varias. También por fortuna para los aman la franja, ese factor es irrelevante para ellos. El Rayo escapa del ruido y goza de algunos comunicadores auténticos. Uno de ellos, Carlos Sánchez Blas, es el artífice –sin mayores pretensiones- de esta pequeña iniciativa de reconocimiento a la labor de Jémez. ¿Qué hay detrás? Nada más allá de una serie de textos e imágenes sobre lo que ha sucedido en Vallecas estos últimos tres años.

Personalmente, con un 10% de información y un 90% de opinión, pienso que Jémez seguirá en el banquillo del Rayo Vallecano. Sí, esta opinión contiene también un porcentaje de deseo basada en un argumento muy sencillo: la fórmula funciona muy bien. No hablo de un #jemecismo incondicional, servil o interesado. Hablo de un #jemecismo puesto en duda cuando procede, criticado cuando se mueve en terrenos equivocados. Un #jemecismo que alimenta el #jemecismo, porque Jémez es mucho mejor entrenador hoy que hace tres años, gracias a su trabajo y gracias al Rayo. El Rayo es más grande hoy que hace tres años, gracias a Jémez y gracias al trabajo del Rayo. Un “win-win” en lenguaje empresarial. Un “como picha a culo” en la Avenida de la Albufera.

Una vez leídos los textos de mis compañeros, se me ocurre valorar a Paco Jémez no tanto por lo que es sino por lo que no es. Paco no es tibio. La tibieza y la comodidad alimentan la mediocridad de cualquier profesional. Paco ni es cómodo, ni mediocre. Parecen rasgos obvios, pero hay banquillos de relativo primer nivel con inquilinos que no cumplen esos requisitos.

Paco no se esconde detrás de tópicos ni evita preguntas en ruedas de prensa. No limita a una por medio. No responde con monosílabos. No contesta con evasivas, aporta su punto de vista. ¿En ocasiones excesivo en las formas? Cada vez menos pero, en cualquier caso, un detalle irrelevante cuando se compara con el contenido de sus argumentos. A Paco no le gusta el empate. Racanear no va con él, exigir el máximo sí.

Paco no se conforma. Podría escudarse en el 18º de la liga para asegurar que cumple de sobra los objetivos. Paco no miente. Podría escurrir el bulto en numerosas ocasiones pero no lo hace. Nos pasamos la vida criticando a los protagonistas que no dicen nada, pero olvidamos valorar en su justa medida a uno de los pocos que sí lo hace. Recordando lo que decía un amigo esta semana y por no hacer el texto más largo, Paco es su “tensacuerdas”. Se aprieta las tuercas al doscientos por cien y se las aprieta a los que le rodean. Lean valentía, coraje y nobleza y luego visualicen una cuerda. ¿Está tensa o está floja? Pues eso tienen en su banquillo.

Cerramos. Como cuenta el texto de Blas, Vallekas siempre ha sido y será soberana. Sancionado con tres partidos, Jémez verá el partido del lunes en la grada, un mal lugar para dar instrucciones, un buen lugar para comprobar –si lo creen menester- el reconocimiento de su gente a tres años de trabajo. Particularmente, el tema de la renovación me parece cansino. Aunque pienso que terminará haciéndolo, no le pediría a Paco que se quedara. Simplemente aprovecharía la oportunidad para hacerle saber que en Vallekas se valora su trabajo, tanto en el fondo como en la forma, sin más. Un aplauso que cierre un círculo o que abra otro si todas las partes lo creen oportuno. Paco y el Rayo Vallecano. Ni mejores ni peores, distintos.

RHOpinionFirmaJCO

 

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