Eibar, se cierra el círculo

Fue un mazazo. El pitido final del partido en Eibar dejó a más de un centenar de rayistas deambulando por el césped de Ipurúa. Unos lloraban desconsolados. Otros se abrazaban a los jugadores, también abatidos. La mayoría caminaba con la mirada perdida por el terreno de juego sin encontrar consuelo alguno. La afición local celebraba el ascenso a Segunda al tiempo que la grada visitante se venía abajo pensando en una nueva travesía que emprender en el infierno de Segunda B.

El panorama en el vestuario era parecido. Referentes del rayismo como Míchel o Coke se fundían en abrazos desconsolados. Pepe Mel comparecía ante los medios sin poder contener las lágrimas. “Lo sentimos mucho por la gente, sé que nos reconocen el esfuerzo, pero no ha podido ser. Me revuelve el estómago es ver a los futbolistas tirados por el suelo llorando”, explicaba el técnico franjirrojo. 24 horas después, ya en Vallecas, equipo y afición ponían juntos las bases del ascenso que llegaría, por fin, un año más tarde.

Lo curioso es que hablando con los protagonistas de ese día, una vez pasado el tiempo, ninguno lo recuerda con tristeza. Aunque el dolor permanece

intacto, todos opinan que fue una experiencia que les hizo más fuertes. Incluso hay mucho cariño en las referencias a esa tarde en Ipurúa. No cabe duda que todos habrían preferido ascender ese día, pero son muchos los aficionados franjirrojos que comparten esa sensación. Aprecian más lo que tienen ahora gracias a un periplo por la categoría de bronce en el que todo parecía ser más auténtico.

Este viernes Eibar y Rayo Vallecano cierran un círculo. No es la primera vez que se enfrentan desde esa recordada tarde de junio en 2007, pero ahora lo hacen en Primera División. Nadie lo habría imaginado por aquel entonces y ahora, casi ocho años después, el fútbol devuelve a dos conjuntos modestos lo que en otras ocasiones les robó el destino. Amaya, único superviviente en plantilla, no podrá repetir experiencia por culpa de una sanción. Ese día fue suplente y terminó como delantero centro en busca de un gol que nunca llegó.

En la grada, un grupo de privilegiados volverá a recibir al autobús de equipo en la misma cuesta de 2007. El que más y el que menos visualizará la falta de Alaña desde la frontal del área o el

remate de Eneko Romo ante el que Alberto no pudo hacer nada. Todos recordarán la ocasión fallada por Diego Torres, el puñetazo al banco de Zazo al ser sustituido, los balones peleados por Armentano y las lágrimas de Míchel o Pedro Baquero.

Nosotros también recordaremos el amargo regreso a Bilbao detrás del autobús del equipo. Con muchos menos recursos que ahora nos tocó llegar al hotel en busca de una conexión wifi con la que publicar las imágenes del día y un texto que titulamos “desolación”.

Si estuviste allí, si lo seguiste en remoto porque no te tocó la entrada o si simplemente aún no erás rayista, esta semana merece la pena que recuerdes ese día en Ipurúa. Fue auténtico.

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DESOLACIÓN

Dolorosa derrota del Rayo Vallecano en Ipurua ante un Eibar que ya es de Segunda División. El equipo local se adelantó en la primera mitad gracias a los goles de Alaña y Eneko Romo, mientras que los rayistas no acertaron a conseguir en la segunda parte un gol que habría valido un ascenso.

EL EIBAR, MUY ENCHUFADO DESDE EL PRINCIPIO

Ambiente de gala en Ipurua para presenciar el último choque de la temporada. Con las gradas repletas de rayistas en un histórico recibimiento al equipo en las inmediaciones del estadio, Pepe Mel daba entrada de inicio a Zazo en detrimento de Ignacio Benítez.

El equipo dirigido por Javier Mandiola iba a demostrar sus intenciones desde el primer minuto de partido. Un par de acercamientos a balón parado bien solventados por Alberto eran el aviso de lo que iba a ser una trágica media hora para los intereses del Rayo Vallecano.

El centro del campo era dominado por un Eibar muy vertical e incisivo por las bandas, mientras que los de Vallecas no acababan de cogerle el ritmo al partido. Sin embargo, una jugada por la banda derecha terminaba con centro de Miguel Albiol a la cabeza de Diego Torres, aunque el remate del delantero no encontraba la portería de Zigor.

Unos instantes después y con Enguix reclamando entrar al terreno de juego tras recibir un golpe en el hombro, el colegiado señalaba una falta más que rigurosa en el borde del área visitante. Con Alberto tapado por la barrera, Alaña acertaba a ajustar el esférico muy pegado al palo y conseguía igualar la eliminatoria.

El Rayo Vallecano acusó el tanto y el equipo eibarrés metía la quinta marcha necesaria para dar la vuelta al encuentro. Una entrada por la parte izquierda de la defensa rayista terminaba con un centro de Codina al punto de penalti, lugar en el que aparecía Eneko Romo para marcar a placer el segundo tanto del partido. Cambio de guión y eliminatoria cuesta arriba para los hombres de Pepe Mel que ahora necesitaban marcar.

EL GOL NO LLEGÓ EN LA SEGUNDA MITAD

Con la necesidad de conseguir un tanto que diese de nuevo la vuelta a la tortilla, el Rayo Vallecano encaró la segunda mitad con una disposición mucho mejor. Armentano, que había sustituido a Zazo en los últimos minutos de la primera mitad, ganaba numerosos balones aéreos y propiciaba segundas jugadas para Diego Torres.

Así iba a llegar una de las ocasiones más claras para los rayistas. Un balón muerto en la frontal del área era rematado con dureza por el rubio delantero del Rayo Vallecano, pero el balón se marchaba fuera por centímetros en una jugada que el banquillo visitante ya cantaba como gol.

Los minutos pasaban y el Eibar iba cediendo terreno poco a poco a favor de los rayistas. Mel cambiaba el dibujo y apostaba por el dibujo de tres centrales para darle la vuelta al partido. La banda izquierda de reactivaba con un Llorens muy ofensivo y la posibilidad del ansiado gol se rozaba en varias jugadas al límite del fuera de juego.

Así las cosas, una falta lateral puesta en juego por Miguel Albiol era prolongada en el punto de penalti y descolocaba por completo a Zigor, marchándose el balón fuera por muy poco y llevándose consigo gran parte de las ilusiones vallecanas en la tarde de este fatídico domingo.

Nervios y máxima tensión en unos minutos finales que terminaban con el pitido del colegiado y la invasión de los aficionados locales al terreno de juego para celebrar el ascenso. Con un panorama totalmente desolador para los rayistas, afición y jugadores del Rayo Vallecano deambulaban por el césped con la mirada perdida y totalmente desconsolados.

SD EIBAR: Zigor, Fagoaga, Alaña, Gurrutxaga, Etxabe, Lombraña, Rubén García, Codina (Asensio 75′), Eneko Romo (Rebollo 45′), Eizagirre (Manel 64′), e Iñigo.

RAYO VALLECANO: Alberto, Coke (Amaya 61′), Mainz, Baquero, Llorens, Cubillo, Enguix (Yuma 77′), Albiol, Zazo (Armentano 31′), Míchel y Diego Torres.

GOLES: 1-0, Alaña (minuto 25) con un gran lanzamiento de falta desde la frontal del área ante el que nada puede hacer Alberto, tapado por la barrera. 2-0, Eneko Romo (minuto 27) aprovecha una internada de Codina por la banda derecha del ataque para rematar desde dentro del área y decantar la eliminatoria a favor del conjunto local.

PEPE MEL: “LO SENTIMOS MUCHO POR LA GENTE”

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Pepe Mel comparecía en rueda de prensa instantes después de que su equipo se dejara el ascenso sobre el césped del Estadio de Ipurúa. Fue, de largo, la rueda más prensa más triste del técnico en todos los años que estuvo en Vallecas. Luchando por contener las lágrimas, Mel intentó explicar lo sucedido. Aunque aún no lo sabía, apenas unas horas más tarde ya estaba en las oficinas de Vallecas esbozando su segundo proyecto con la franja.

Ipurua: “Es un campo que a mi no me trae buenos recuerdos porque ya he perdido dos ascenso aquí, pero este es más doloroso porque estoy en un club humilde y de un barrio trabajador, con gente que lleva al equipo con sentimiento. No ha podido ser”.

El arbitraje: “Ni aquí ni allí nos han medido por el mismo rasero. El Rayo tiene que hacerse más fuerte en la Federación porque nos han tratado muy mal todo el año. La jugada del primer gol es de chiste, pero ahora las lecturas ya no sirven para nada, qué puedo decir ahora yo”.

Vestuario y afición, hundidos: “Tengo un vestuario hundido, no quiero ni pensar el viaje a Madrid, vuelta a empezar de cero otro año más. Lo sentimos mucho por la gente. Sé que ellos reconocen el esfuerzo de los futbolistas porque en 49 partidos hemos perdido 8 y hemos ido a perder el que no debíamos. Hemos hecho lo humanamente posible, hemos llegado a la final pero no ha podido ser”.

Lo injusto del fútbol: “Me revuelve el estómago es ver a los futbolistas tirados por el suelo llorando. Son un grupo magnífico y no se merecen estar así hoy”.

LA SANCIÓN DEJÓ A PITI COMIENDO PIPAS

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Piti no pudo ser finalmente de la partida en el choque más importante de toda la temporada. A pesar de ver una tarjeta amarilla claramente injusta en el partido de ida, ninguno de los comités pertinentes se decidió a indultar al delantero rayista.

El jugador del Hércules cedido al Rayo Vallecano había conseguido marcar en los tres partidos de play-off y era la baza más importante del equipo en el capítulo ofensivo de cara a conseguir el ascenso en Eibar.

El delantero está inicialmente llamado a regresar al Hércules para iniciar la próxima temporada, pero el Rayo Vallecano ya ha manifestado sus deseos de que el jugador forme parte del proyecto de la próxima temporada. Habrá que esperar a las negociaciones durante la próximas semanas para conocer el futuro definitivo del goleador.

UNA AFICIÓN DE PRIMERA

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El Rayo Vallecano sufrió este pasado domingo en Ipurua uno de los golpes más dolorosos de los últimos años. A falta de un simple y triste gol para conseguir el esperado ascenso, la desilusión inundó una grada rayista repleta de seguidores que se habían desplazado con el equipo hasta Eibar. Entre centenares de aficionados locales en plena celebración, el tiempo pareció detenerse para todos aquellos a los que la franja roja les cruza el alma. Jugadores, aficionados y incluso medios de comunicación desplazados deambularon durante unos interminables minutos por el césped con la mirada totalmente perdida y la tristeza mojando sus caras con lágrimas imposibles de contener.

Una afición de Primera castigada por repetitivos golpes de un destino demasiado cruel con un sentimiento tan puro como humilde. Un equipo condenado a sufrir un año más en el infierno de campos embarrados y polideportivos de césped artificial. Un equipo obligado a navegar en una competición semiprofesional e inmerso en un pozo del que cada vez es más difícil salir. Un equipo al que su afición nunca dejará solo.

EL GOLAZO DE ALAÑA

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Una primera media hora fatídica echó por tierra el trabajo de todo un año. Alaña aprovechó una falta inexistente señalada en una zona idónea para un lanzador diestro. Con Alberto tapado por una maraña de jugadores de los dos equipos, el jugador del Eibar inauguraba el marcador con un preciso golpeo pegado al palo.

El posterior gol de Eneko Romo dejaba contra las cuerdas a un Rayo Vallecano que no pudo darle la vuelta al partido en la segunda mitad. La pesadilla rayista no tocó a su fin en Ipurua y la entidad rayista queda condenada a un nuevo año en el infierno de la Segunda División B.

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