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¿Dónde vas a estar mejor Paco?

Déjenme que empiece contándoles un secreto. Jémez podía haberse escondido en todo el tema del desahucio de Carmen, la anciana que hizo que el Rayo y Vallekas tuvieran la mayor repercusión mediática de su historia. Pero no, se negó. Y ojo que las cosas se torcieron cuando entraron los políticos en forma de llamadas y declaraciones, pero tiró para adelante.

Una tarde se fue a una gran superficie y comenzó a comprar sartenes, cazos, cubiertos, una televisión, ropa de cama y subió a la casa de Carmen para terminar tirado por el suelo para saber por que un radiador no funcionaba. Otro se habría quitado del medio, a centrarse en lo suyo o a hacerse las fotos y ya está, pero no, Paco quiso firmar el contrato de arrendamiento en persona y conocer el nuevo hogar de Carmen. Todo porque le salía del alma, sin medios ni alardes de grandeza.

Esa tarde de invierno me dejó para el recuerdo un abrazo sincero y escuchado mirando a los ojos. “Qué bien juega el Rayo, de verdad, cuando haga menos frío voy a ir a verlo. Eso sí, tenéis que ganar”, dijo Carmen aún emocionada. Paco la miraba sin guiñar los ojos mientras le entregaba un sobre con “un poquito de dinero” que me ha dado un amigo para que vaya “tirando” si necesita algo. Paco es así, tan bestia como buena persona.

Nos hemos hartado, hasta la extenuación, de oír y leer discursos populistas del fútbol de ataque con las típicas odas de los grandes de los medios de comunicación. Hemos visto guitarras, cantaores flamencos, palos de golf, pero el rayista ha tenido que escarbar para encontrar al Jémez entrenador del Rayo. Sí, a ese que hemos visto, sufrido y disfrutado todos los partidos de estos últimos tres años, no sólo cuando salía por los Bernabéu o Nou Camp con la defensa a cuarenta y cinco metros, y era idolatrado por tanto periodista de tertulia y manido discurso de entrenador atrevido.

Se va o se queda el mejor, el más grande, el más cachondo y el que ha tenido más mala hostia. Hablamos de ese que ha puesto a tu equipo, al mío, al borde de la UEFA con dieciocho futbolistas nuevos cada año. El de los cambios en el minuto veinticuatro, el que no sabe empatar, el que ha rajado de horarios y árbitros, el que la tiene más larga, el de “tontos sí pero gilipollas no”, el de los castigos a Toño y Ba por coger el móvil o llegar tarde a entrenar. Paco pide más de todo para hacer el Rayo más grande, más dinero como tú o yo en mi trabajo, más futbolistas, más estructuras de entrenamiento, más tecnología, en resumen, menos gilipolleces y mamoneos, que de eso sobra por el fútbol de élite.

Hace días recordé por twitter a los García Verdugo, el primero que nos subió entre los grandes, a Héctor Núñez, al mítico apagafuegos Peñalva, a Felines como héroe del segundo ascenso y luego pisoteado, a Mel y su salida del hoyo de la Segunda B, a Sandoval y su ascenso a Primera más permanencia, tamudazo mediante. También al gran Paquito, cómo no a Juande y su ascenso y UEFA, a Camacho con Jémez de futbolista, la elegancia y el buen hacer de Manzano y hasta a Olmedo. Pues ya por encima de todos ellos está Paco Jémez, tan simple y tan fácil, porque él ha hecho que diez mil locos esperemos cada quince días, como una religión, nuestra cita con Vallekas y su fútbol.

Vale, vendrán otros y nos harán mejores, seguro, no lo dudo, ojalá, pero lo vivido estos tres años, sabiendo que tu Rayo en verano vuelve a sortear su quinta liga en Primera División (sí, la quinta por primera vez en sus más de 90 años de historia) hace que todo rayista se pasee por la vida con la cabeza aún más alta. Sólo por eso, sólo con esto, ni más ni menos, somos felices. Gracias Paco, pero quédate, hostias.

RHOpinionFirmaFS

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