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Dignidad

El verano de 2016 quedará reflejado en la historia del Rayo Vallecano como ese verano en el que Raúl Martín Presa sobrepasó todos los límites del despropósito en la gestión de una entidad deportiva. Paradójicamente, a pesar del descenso sufrido la pasada campaña, no es el criterio deportivo el que tiene mayor peso en semejante afirmación. Como presidente de la entidad, Martín Presa tuvo su gran parte de responsabilidad en la pérdida de categoría, pero ese episodio de truhanes, bandoleros y visados hacia mejores destinos queda pendiente para otra ocasión.

En este momento toca hablar de dignidad. Mejor dicho, de la falta de ella. Con la crisis del Rayo Oklahoma como telón de fondo, el máximo dirigente de la entidad franjirroja no ha tenido mejor idea que mandar a los Estados Unidos a Luis Yañez y Jesús Fraile. El primero, Director General del Rayo Vallecano, Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid y por tanto legítimo representante de los intereses de la franja -por ruinoso que sea el negocio- en Estados Unidos.

El segundo, sin embargo, fue la mano derecha y hombre de confianza de los Ruiz-Mateos en la época más oscura de los 92 años de historia del club. Es más que conocido que estuvo implicado y salpicado en los numerosos episodios delictivos que perpetró la famosa familia residente en Somosaguas durante su paso por Vallecas y que dejaron al Rayo a un milímetro de la desaparición. Fraile no tiene cargo reconocido en el Rayo Vallecano pero Martín Presa, no contento con asignarle hace unos meses la gestión del restaurante del Estadio, ahora le encomienda labores vitales para la economía del club. Todo eso sin dar una sola explicación pública, ni sobre lo que sucede en la franquicia de Oklahoma ni sobre el presunto cargo que ocupa el ex Gerente de los Ruiz-Mateos en el actual organigrama del club. Una secuencia tan surrealista como esperpéntica, impropia de cualquier entidad seria que se precie.

Este último detalle confirma que Raul Martin Presa perdió su partida del PC Futbol en Vallecas hace mucho, y no por los resultados deportivos, sino por su incapacidad para gestionar una entidad de 92 años de historia con un mínimo de dignidad. Precisamente eso, dignidad, es lo único que piden los seguidores del Rayo Vallecano cuando afrontan con la humildad de su bolsillo cada pretemporada.

Esa petición de decoro trasciende a la categoría en la que juegue el equipo. Se trata, simplemente, de poder renovar tu abono en unos plazos comunicados con tiempo suficiente. Se trata de poder sentarte en tu asiento para disfrutar de tu equipo sin riesgo de contraer la triquinosis. Se trata de saber cuándo y cómo vas a poder comprar esa camiseta con la franja roja que cruza el pecho, o al menos saber que no la vas a poder comprar, pero como mínimo saber a qué atenerte. Se trata de poder estar tranquilo porque el club no está en manos de las mismas personas que lo llevaron a la ruina y al borde de la liquidación.

En resumen, se trata de tener una estructura digna que asegure unos estándares dignos para la gestión de una entidad casi centenaria que debe representar a un barrio de forma digna. La única verdad es que los mejores cinco años del club en Primera División han dejado muchas cosas, entre ellas bolsillos repletos de dinero para gente que ya no está en Vallecas, pero ni una sola gotita de dignidad.

 

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