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Decencia

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Cualquiera que mire la clasificación puede deducir fácilmente que el Rayo Vallecano echa en falta buenos resultados. Cualquier fiel seguidor de la franja que se mantenga relativamente bien informado de lo que se cuece en el vestuario no tendrá problemas en deducir que lo que falta es vergüenza. Pero lo más importante, lo que realmente mantiene abierto un agujero en el corazón de los que aman a la Agrupación, es la falta del valor más importante de todos: la decencia.

La decencia perdida en los despachos se propaga sin remedio a todos los rincones de la entidad. Desde la dejadez en el aseo, compostura y adorno, hasta la falta de recato, honestidad y modestia, pasando por la dignidad perdida en los actos y en las palabras. Todas las acepciones de la palabra decencia contempladas en el diccionario han desaparecido del Rayo Vallecano. Es esta carencia, por sencilla que parezca, la que realmente impide progresar y cambiar el rumbo de la entidad.

“El Rayo Vallecano es un equipo ganador por su idiosincrasia, por su forma de pensar y por cómo piensa su aficionado. Este es un club ambicioso que siempre ha jugado por objetivos importantes”. Con las prisas de la llegada alguien le sopló mal la lección al bueno de Rubén Baraja el día de su presentación. El Rayo Vallecano no es un equipo ganador. Sus aficionados ya han repetido hasta la saciedad que no les importa nada que nunca ganen nada. El único objetivo importante que persiguen y por el que no negocian es poder lucir la franja con la cabeza bien alta. En la idiosincrasia de la franja hay orgullo de barrio y no orgullo de triunfos.

Y el que confunda barrio con mierda tiene sus conceptos empresariales confundidos. Lo abonados que acuden cada fin de semana al Estadio de Vallecas merecen y exigen unas condiciones decentes de seguridad y salubridad. Merecen y exigen un respeto que se les viene faltando de manera recurrente desde hace meses. No demandan ganar partidos, demandan que el asiento por el que han pagado esté limpio. No esperan calefacción central, ni lujos, ni disparates, ni tan siquiera victorias. Solamente piden iluminación básica en las escaleras, unos baños limpios, que sus hijos no se encuentren con objetos cortantes y oxidados. Simplemente piden no ser tratados de manera indecente en unas instalaciones peligrosas y llenas de mierda en la que los abonados más ancianos se manchan las manos -las mismas con las que han trabajado toda su vida para pagar religiosamente su abono- con cagadas de paloma.

La decencia es uno de los valores más importantes para ganarse el respeto de los que te rodean. Si a estas alturas la hoja de ruta de Martín Presa todavía atiende a cualquier tipo de orden o prioridad, debería empezar por este punto: asegurar el bienestar básico de los abonados que acuden cada fin de semana al Estadio de Vallecas. Sin Ayuntamientos. Sin Comunidades. Sin historias para no dormir ni conflictos entre entidades que se pueden y deben luchar en paralelo. Que el próximo fichaje de 400 mil euros se quede en casa y que se emplee ese dinero en adecentar la casa de los rayistas para mantener, al menos en ese aspecto, un mínimo de decencia. Lo mismo por ahí se empiezan a ganar puntos.

Domingo 4 de diciembre. Dentro de dos semanas el Rayo Vallecano volverá a jugar en el Estadio de Vallecas. Nos interesa conocer tu experiencia en primera persona como espectador. Durante el partido contra el Alcorcón nos haremos eco de las imágenes y comentarios que compartáis con nosotros en el twitter de @rayoherald. Para dar más valor a los testimonios os pedimos indicar la zona del estadio junto con la imagen, su descripción y el hashtag #EstaCasaEsUnaRuina. ¿Negativos? No. Os pedimos poner el mismo o incluso más interés en reportar las situaciones positivas (alumbrado bien posicionado en zonas oscuras), higiénicas (baños o asientos limpios) y seguras (cables bien tapados). Bajo el hashtag #EstaCasaNoEsUnaRuina también daremos visibilidad de esas situaciones.

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