100% fútbol

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Cómo contar que el empate a un gol entre Rayo y Valencia fue uno de los mejores partidos de fútbol que se han visto por Vallecas esta temporada. Puro fútbol, señoras y señores. Un chute de adrenalina, una tormenta perfecta en torno a un simple balón.

Acostumbran quienes poco tienen a hacer de su miedo un sayo, compañero lastimoso en las malas, siempre presente para consolar cuando vienen peor dadas. Comprensible. Respetable. No es el caso del Rayo Vallecano de Paco Jémez. Construido a base de retales, con lo justito y nada más, las tablas ante los che sirvieron para certificar la permanencia en Primera por quinta temporada consecutiva. Y lo hizo, además, mareando en un rondo eléctrico a su condición de paria, enamorando a cualquiera que pase cerca, ya sea rayista de toda la vida, nacido en Seattle o en Palestina.

No abrirá las portadas de los medios empeñados hasta el absurdo en convertirse en prensa rosa alrededor de este deporte. Pero es histórico. Cuesta encontrar un Rayo tan emocionante como el que ha tocado ver con Jémez en el banco. Las virtudes y defectos exhibidas ante el Valencia quedaron por momentos en un segundo plano. En Vallecas se respiró fútbol auténtico, del que pese a llevar mucho trabajo detrás acaba mostrándose como fue concebido en su origen: un juego, una diversión.

Colaboraron muchos factores. El Valencia, con un puñado de buenos peloteros, salió a intimidar. Acabó con el cuchillo entre los dientes, con el gesto torcido ante el ejército de vietnamitas apoyado por 10.000 gargantas de campanilla franjirroja. Ayudó el árbitro. Cierto es que se equivocó en la jugada que precedió al gol visitante. También lo es que desquició con sus decisiones a unos y a otros. Expulsó a Paco y dejó una estampa que difícilmente olvidará todo el que la presenciase. Un barrio entero jaleando la temperamental reacción del que hizo del verde su particular caminito a vestuarios. Pese a ello, qué salsa dio a la noche el colegiado portugalujo.

Recuérdese el último día de abril de 2015 como fecha histórica por el hito alcanzado por los vallecanos. Y también como uno más en el que implosionó otra dosis de fútbol 5 estrellas en el barrio madrileño, con 22 tipos (20 tras las expulsiones de Morcillo y Rodrigo) partiéndose el corazón por vencer, con cantadas en la meta incluidas, con paradones sobresalientes, con polémica, con ambiente capaz de secuestrar el alma y el aliento. La belleza del desbarajuste temporal, del desequilibrio y el arriesgar para ganar. El fútbol en letras mayúsculas. Una gozada.

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